La cuesta de enero, febrero, marzo…

Publicado el 01 de enero 2010

J. Altavista

Como a casi todos, este año la “cuesta de enero” se nos presentaba muy empinada… y además larga: no terminaría en enero, seguiría en febrero, marzo…

Como a casi todos, el terremoto de Haití televisado en directo con imágenes impactantes nos conmovió en lo más profundo.

En casa algunos ya habían pensado qué comprar en las rebajas de enero, febrero… de golpe todo cambió.

Le pedí a cada uno que escribiera una lista con lo que quisiera comprar en las rebajas. Luego les pedí que borraran lo que no era imprescindible. Les pedí un esfuerzo más: que borraran lo que no era absolutamente imprescindible. Quedaron muy poquitas cosas.

El siguiente paso era calcular cuánto nos podíamos ahorrar y preguntarnos si no sería más justo enviar ese dinero a nuestros hermanos de Haití. La lista de las compras se redujo un poco más. Y todos estaban de acuerdo con la propuesta. Poco a poco iremos enviando la cantidad calculada a través de un par de ONG.

Sigue siendo un “cuesta”, pero este año no tendremos que buscar en los armarios espacio para meter más ropa y la vamos subiendo con la sensación de cargar menos peso inútil.

Anoche mi mujer me decía: “tenemos una familia que es mejor de lo que merecemos”. Yo le comenté que lo que podíamos aportar era un grano de arena casi insignificante. Pero debo reconocer de que antes de enviar un euro, Haití nos ha regalado una montaña de arena: nos ha ayudado a crecer en solidaridad, nos ha unido como familia, nos ha enseñado a valorar lo que tenemos.

Tendríamos que dar un paso más. No esperar a que haya un desastre para que despertemos y pongamos en marcha lo mejor de nosotros mismos. Sé que se irá dando, porque las bases están, y espero que la próxima vez no sea yo quien haga la propuesta.

Sin duda no somos una “familia cristiana modelo” tal como algunos clérigos mitrados y célibes la entienden. Os confieso que eso tampoco me quita el sueño.

Tenemos un montón de problemas, conflictos, discusiones. Hay situaciones frente a las que no sabemos cómo hacer, y buscamos la solución entre nosotros, sin esperar que otros nos la den ya “masticada”. No siempre acertamos. Pero vamos haciendo un camino como familia.

Me alegra el constatar que en ciertas ocasiones tomamos actitudes que considero “evangélicas” y creo que eso es lo importante. Más cuando esas actitudes se toman por consenso entre todos.

La verdad es que he dejado de pensar en términos de “familia cristiana”, para pensar en ser una “familia con valores evangélicos”. A algunos les parecerá que es lo mismo, pero con frecuencia hay un abismo entre una visión y otra.
Los laicos y las familias no podemos ser eternos “infantes” dentro de la Iglesia, donde nos digan continuamente qué tenemos que hacer, cómo, de qué manera, cuántas veces… somos adultos capaces de decidir por nosotros mismos cómo actuar según el Evangelio; si queremos hacerlo.

Ojalá que nuestros pastores dejen de preocuparse tanto de nuestra “integridad moral”, eso es nuestra responsabilidad, y nos ayuden a vivir nuestra vocación familiar: vivir haciendo el bien como Jesús, ser más solidarios, ser escuela de valores evangélicos en nuestra sociedad.

Nuestras “cuestas” seguirán siendo duras, pero como ésta que estamos viviendo en mi familia serán gozosas.

VOLVER   IMPRIMIR