¿Dónde están las cosas que son de los pobres?

Ramón Cazallas Serrano

El mes pasado reflexionábamos sobre ¿Dónde dormirán los pobres? Hoy hablaremos sobre las cosas de los pobres, dónde se encuentran o quién las tiene cuando la naturaleza es tan generosa y Dios creó las cosas para todos los hombres y mujeres.

 

Publicado el 01 de febrero 2009

En los días de Navidad y Año Nuevo la Iglesia reflexionaba sobre el Mensaje para la Jornada Mundial de la Paz. Para este año el tema era “Combatir la pobreza, construir la paz”. El mismo Papa hizo sus propias reflexiones en la homilía pronunciada el 1 de enero, día mundial de la paz. Copio literalmente algunas consideraciones que él hizo en esta homilía:


“Hay una pobreza, una indigencia, que Dios no quiere y que hay que “combatir” -como dice el tema de la Jornada Mundial de la Paz de hoy; una pobreza que impide a las personas y a las familias vivir según su dignidad; una pobreza que ofende a la justicia y a la igualdad y que, como tal, amenaza la convivencia pacífica. En esta acepción negativa entran también las formas de pobreza no material que se encuentran incluso en las sociedades ricas o desarrolladas: marginación, miseria relacional, moral y espiritual (cfr Mensaje para la Jornada Mundial de la Paz 2008, 2). En mi mensaje he querido, una vez más, en la estela de mis predecesores, considerar atentamente el complejo fenómeno de la globalización para valorar sus relaciones con la pobreza a gran escala. Frente a plagas difundidas como las enfermedades pandémicas (ivi, 4), la pobreza de los niños (ivi, 5) y la crisis alimentaria (ivi, 7), he debido por desgracia volver a denunciar la inaceptable carrera de armamento. Por una parte se celebra la Declaración Universal de los Derechos del Hombre, y por otra se aumentan los gastos militares, violando la misma Carta de las Naciones Unidas, que emplaza a reducirlos al mínimo (cfr art. 26). Además, la globalización elimina algunas barreras, pero puede construir otras nuevas (Mensaje cit., 8), por lo que es necesario que la comunidad internacional y cada uno de los Estados estén siempre vigilando; es necesario que no bajen nunca la guardia respecto a los peligros de conflicto, al contrario, se empeñen en mantener alto el nivel de la solidaridad. La actual crisis económica global debe verse en este sentido como un banco de pruebas: ¿Estamos preparados para leerla, en su complejidad, como desafío para el futuro y no sólo como una emergencia a la que dar respuestas a corto plazo? ¿Estamos dispuestos a hacer juntos una revisión profunda del modelo de desarrollo dominante, para corregirlo de forma concertada y a largo plazo? Lo exigen, en realidad, más aún que las dificultades financieras inmediatas, el estado de salud ecológica del planeta y, sobre todo, la crisis cultural y moral, cuyos síntomas son evidentes desde hace tiempo en todo el mundo”.

Hasta aquí, algunos aspectos del discurso del Papa. En otro momento, hablaremos del protagonismo de los mismos pobres en la programación y ejecución de los proyectos para poder luchar contra la pobreza, nadie mejor que ellos saben el cómo y por qué de sus pobrezas.

Los bienes de los pobres
¿Pero dónde están las cosas de los pobres? ¿Aquello que necesitan para poder vivir con un mínimo de dignidad? Ya desde el principio de la Iglesia muchos obispos hablaban bien claro para los ricos señalando los lugares dónde se encontraban los bienes de los pobres. Esto les acarreaba calumnias, exilios y a veces persecuciones. Un ejemplo entre tantos: "Al hambriento pertenece el pan que tú guardas celosamente. Los vestidos que llenan tus baúles son del hombre desnudo. Del descalzo son los calzados que se echan a perder en tu casa. De los indigentes es todo el oro que tienes guardado. De este modo eres opresor de aquellos a quienes podrías ayudar” (San Basilio, Obispo de Cesarea, 330-379). Y así muchos otros Padres de la Iglesia que iremos viendo en nuestros futuros encuentros.
Ahora, en plena crisis, los Bancos nos echan de menos. Como los pobres van aumentando y usan menos la tarjeta en los días de Navidad recibieron el siguiente mensaje:

Estimado X, tu tarjeta nos ha dejado esta carta para ti:
Cuando empezamos nuestra relación, todo parecía de color de rosa.
Teníamos tanto en común, tanta ilusión por comprar cosas juntos…
incluso me guardaste orgulloso en tu cartera.
Ahora ya no me llamas, no me escribes y no me sacas de paseo.
Parece que te dé vergüenza que nos vean en público.
¿Porqué ya no me quieres?
Quiero arreglar lo nuestro invitándote al cine.
Es más, te dejo elegir la película y la sala.
Atentamente, tu tarjeta


Ante la penuria de muchos surge la iniciativa de los de siempre, para hacer más dinero sin preguntarse por qué no usan ni salen tanto con Doña Tarjeta, como antes. Pero ahora ya no es como antes, los pobres y modestos la van a usar menos y no les van a poner ninguna inyección como a los Bancos. El próximo mes veremos cómo “la esperanza de los pobres vive”.

 


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