El trabajo ¿castigo o premio?
Por J. Altavista
Publicado el 01 de febrero 2009
Los relatos que aparecen al principio de la Biblia, aunque no tengan un carácter histórico, presentan el trabajo como un castigo.
El hombre fue creado para ser feliz. Pero su ambición le lleva a enfrentarse con la naturaleza, con los demás y con el mismo Dios. Y ahí aparece el trabajo, con su carga de fatiga, dolor y, en ocasiones, hasta muerte, como castigo a la ambición humana.
Sentimos y vivimos el trabajo como un peso que nos oprime. Con frecuencia lo es. Para muchas personas es algo inhumano: mucho esfuerzo que no rinde ni para comer cada día. En otras situaciones, lo hemos convertido en una forma de explotación y dominio de los más débiles.
Religiones y filosofías han creado agudos razonamientos, hablando de que el trabajo dignifica al hombre, o de que a través del trabajo el hombre perfecciona el mundo y la creación.
Todo ello puede ser verdad, pero con una condición previa: que se respete la dignidad, los derechos y el valor de la persona. Si esto no se da, el trabajo seguirá siendo un castigo para la inmensa mayoría de los humanos.
Desgraciadamente vamos hacia atrás. Los derechos laborales, conseguidos a lo largo de muchos años y al precio de mucha sangre, van desapareciendo a una velocidad alucinante de acuerdo a los intereses de quienes más tienen.
Así que a muchos no nos queda otra alternativa que asumir el trabajo como un “castigo necesario”.
Pero la realidad parece encaminarse hacia derroteros peores y pasará de ser “castigo necesario” a “castigo deseado”.
Según las últimas encuestas para 7 de cada 10 españoles el principal problema es el paro. Todavía hay quien puede ponerle ciertas limitaciones a aceptar cualquier tipo de trabajo. Sin embargo, al paso que vamos, no es impensable que aceptemos un trabajo con cualquier tipo de condiciones, antes de caer en el “castigo del desempleo”.
Por injustas e inhumanas que sean las condiciones, tener un trabajo será un “premio”. De hecho ya lo es para muchos.
¿Cómo hablar, en medio de esta realidad, de fraternidad, solidaridad, justicia? Y hacer que no sean palabras vacías.
Hace unos días se reunían en el norte de Brasil, en Belem de Pará, unos miles de soñadores para gritar una vez más que “Otro Mundo es Posible”. Era el Foro Social Mundial.
El problema está en que el perverso engranaje en que estamos metidos y nos devora, nos empuja a cada uno a encerrarnos en mi mundo, mi trabajo, mis intereses… El sistema utiliza el viejo método: “divide y vencerás”.
Sólo juntos, saliendo cada de nuestro pequeño habitáculo, caminando unidos podremos transformar la realidad que nos rodea. Un mundo de francotiradores está llamado al exterminio.
Creo que lo dijo hace unos dos mil años un Nazareno, en tierras palestinas, que por cierto ya entonces vivían la violencia. Pero parece que pocos le hicieron y le hacen caso.