Ciudad Juárez (Méjico)
Ciudad de frontera y de feminicidios
Publicado el 01 de enero 2009
Daniele Biella
Sucede en Ciudad Juárez, ciudad infernal de frontera entre Méjico y EE.UU. Centenares de mujeres jóvenes vienen secuestradas, torturadas, violentadas, matadas y tiradas al desierto como basura. Por esta situación de violencia ha sido acuñado un triste neologismo: feminicidio.
Una asociación de madres de las víctimas pide inútilmente verdad y justicia.
Esta es una fea historia. Horrible. De esas que suceden en las películas, pero que después tienen un final feliz. Por el contrario la historia, la de verdad, la de los feminicidios en Ciudad Juárez (Estado de Chihuahua, Méjico), no tienen un final feliz. Al contrario. Es siempre peor. Desde 1993 mujeres muy jovencitas, poco menos que niñas, entre 12 y 22 años al máximo, son raptadas, violadas, torturadas y asesinadas por hombres sin escrúpulos, que después de esconder el resultado de su brutalidad, hacen que se pierdan sus huellas.
Son muchas, hasta hoy, las víctimas de estas prácticas inhumanas: al menos 500 confirmadas; otras 600 aun desaparecidas. Solamente en 2008, hubo 60 muertas o desparecidas. Todas dejan una familia, frecuentemente niños, huérfanos de tierna edad.
Aun más desconcertante es el hecho que los culpables quedan todos o casi todos impunes. Queda una cruz rosa, símbolo de las mujeres asesinadas en Ciudad Juárez, con la inscripción: “No más feminicidios”.
La justicia da la espalda
La justicia mejicana, de hecho, es impotente, sino indiferente. Los organismos de policía, aquellos que deberían garantizar la seguridad de la gente común, son conniventes, corruptos; en algunos casos cómplices. Ha sucedido, de hecho, que algún policía fue incriminado por actos de violencia contra las mujeres, para luego, naturalmente, ser absuelto. También a falta de culpables por las numerosas muertes de feminicidio, los mismos cuerpos de policía, en la búsqueda desesperada de corderos expiatorios, obligan a inocentes a declararse culpables de un delito jamás cometido.
Es un infierno ser mujer hoy en Ciudad Juárez. Más todavía mujer pobre, obligada a trabajos humildes como los turnos masacrantes de las maquiladoras, las enormes cadenas de montaje de aquellos productos de alta tecnología que después inundan las casas de los ricos del primer mundo. Especialmente de Estados Unidos.
Es durante los viajes nocturnos hacia estos trabajos, en los cambios de turno, que el trágico destino de centenares de jóvenes mejicanas se cumple. Raptadas a la bajada del autobús, en la parada, o incluso por los conductores mismos al terminar el viaje.
Luego, después de las absurdas torturas y una muerte tan lenta como atroz, llega el abandono del cuerpo en lugares perdidos, a los cuales los investigadores llegan días después, cuando la muerte sucedió hace tiempo.
Organización de madres
Existe un grupo de personas, que más que nadie, tienen la propia vida pendiente de un hilo, y esto a consecuencia de su coraje civil y voluntad de contar a Méjico y al mundo entero aquello que sucede en las noches de Ciudad Juárez. Son las mujeres de “Nuestras hijas de regreso a casa”, una asociación nacida en 2001 y que está en primera línea en la búsqueda de la verdad sobre las muertes impunes.
La historia de la asociación es la de sus fundadoras: cuatro mujeres que han tocado con la mano lo que significa perder una persona querida de esa forma horrenda. Actualmente de aquellas cuatro mujeres quedan tres, porque Julia Cano, madre-coraje a quien en marzo de1995 habían matado a una hija quinceañera y que desde entonces había acogido a seis huérfanos de otras mujeres asesinadas, murió el 29 de septiembre de 2008: su corazón no sobrevivió a la enésima tragedia, la muerte de uno de sus hijos acogidos de 24 años durante una pelea.
Las otras tres fundadoras de “Nuestras hijas de regreso a casa” se llaman Norma Andrade, María Luisa García Andrade y Marisela Ortiz Rivera. A lo largo de los años han sido ayudadas por decenas de personas, apoyadas por miles de testimonios de solidaridad, y ahí encuentran la fuerza para seguir adelante en su lucha ardua contra un enemigo tan grande e invisible. Es la misma Marisela quien lo dice públicamente en cada ocasión que puede. Es ella la portavoz más conocida de la asociación, siempre en primera línea en las manifestaciones semanales por el centro de la ciudad, con la cruces rosa en mano, frecuentemente en viaje al extranjero para dar a conocer la causa.
“No dejaremos jamás de pedir justicia, aún a costa de sacrificar la propia vida” dice Marisela, que cuando te habla te mira a la cara, con una mirada resuelta y tierna al mismo tiempo. Es la mirada de una madre de dos hijas, marcada por años de sufrimientos, de atrocidades vividas de cerca: en febrero de 2001, mientras trabajaba en la escuela como maestra ha conocido la realidad del feminicidio en primera persona. “Alejandra, mi alumna mejor, fue secuestrada y jamás encontrada. Tenía 17 años. Desde aquél momento me ha cambiado la vida” cuenta Marisela.
Desde entonces ha llegado a ser un rostro conocido y, con Norma, María Luisa y las otras mujeres de la asociación, no han dejado nunca de hablar. “También algunos hombres nos ayudan, pero no se dejan ver en público” nos dice esta mujer, somos conscientes que el machismo en Méjico todavía hoy es una plaga cotidiana.
Hasta ahora el fruto de su compromiso es poco, muy poco en Méjico.
La presión exterior
Toda la culpa, sin sombra de duda, es de las instituciones cómplices. Dentro del país se guarda un “cauteloso” silencio. Mucho eco por el contrario en el extranjero; son un testimonio la serie de condenas públicas por parte de las instituciones internacionales en contra del gobierno central mejicano y las administraciones de los distritos federales.
Sobre todo la resolución del parlamento europeo del 11 de octubre de 2007, que, dentro de una denuncia de la violencia de género perpetrada en América Central, hacía particular referencia a las brutalidades de Ciudad Juárez. Solamente entonces el gobierno mejicano, ha dado señales de echarse la culpa del propio inmovilismo: el presidente, Felipe Calderón ha declarado que se comprometería en primera persona para cambiar las cosas.
Subió al poder gracias a los enredos electorales, frecuentemente acusado de cerrar los ojos de frente a distintas situaciones de manifiesta violación de los derechos humanos, como las represiones contra los movimientos de los maestros en el estado de Oaxaca, y las experiencias no violentas de democracia participativa de los zapatistas en Chiapas, el presidente ha dejado las cosas iguales ya a un año de su promesa. El único departamento creado a propósito es aquél “para la búsqueda de mujeres desaparecidas”, gestionado por la procura del estado de Chihuahua, que cerró sus puertas en abril del año pasado con la excusa de los recortes impuestos por una reforma gubernativa; así se evidencia una vez más el desinterés de las instituciones, que no quieren considerar la lucha contra el feminicidio una prioridad.
El 25 de julio de 2008, una nueva condena hacia el gobierno mejicano llegó de la Coidh, la “Corte Interamericana de los Derechos Humanos”, importante organización continental, que ha decidido llevar a juicio al estado mejicano por sus culpas y negligencias, en una audiencia pública que se tendrá los primeros meses de 2009 en San José de Costa Rica sede de la Coidh. Poco cuenta que el 17 de septiembre pasado, se haya realizado el primer proceso oral por feminicidio. Una mujer de nombre Dolores Tarín, que sobrevivió milagrosamente a su torturador ha podido testimoniar contra él, gracias a un juez obstinado, que ha querido a toda costa la audiencia pública, a la cual se ha llegado a pesar de las presiones gubernativas que pedían, increíblemente, la no realización del proceso judicial
Sigue la impunidad
Por desgracia, la impunidad continuará: por un caso que llega hasta el tribunal hay otro centenar que no llegará jamás, o también si llegan es a través de mentiras y la búsqueda de un culpable a toda costa como el caso de David Mesa Argueta: fue arrestado en 2003 y ha sido absuelto en 2006 después de tres años de cárcel, cuando se ha llegado a la detención de dos policías que lo habían extorsionado, bajo tortura, hasta la confesión de un homicidio jamás cometido.
Crece la amargura de deber aceptar que hasta hoy poco o nada ha cambiado, y se une un alto precio a pagar por quien alza la voz pidiendo justicia.
“Desde mayo de 2005 los autobuses nocturnos que transportan a las trabajadoras entran hasta las maquiladoras de la ciudad y las llevan a la puerta de su casa, sin dejarlas en los bordes de las carreteras oscuras; y cuando una mujer desaparece, es buscada sin esperar 48 horas desde la denuncia como sucedía antes” dice Marisela.
Pero es poca cosa. Empezando por ella misma desde 2001 se ha tenido que enfrentar con atentados de todo tipo. “En estos años he sido atacada muchas veces por parte de personas con rostro cubierto, dice Marisela. Me han amenazado, si no dejo de hablar, con secuestrar y matar a mis hijas y después harán lo mismo conmigo. Un día he sido seguida por un coche, bloqueada, y empujada fuera de la carretera. El 1 de agosto de 2007 me han disparado dos balas que afortunadamente han dado en la carrocería de mi coche y no a mí. Desde 2005 camino con un bastón: el pie cojo es el triste recuerdo de un coche que me envistió”.
Y esto pesar de que la mujer va con escolta; de 2003 a 2005 ha tenido escolta estatal, pero ha sido una experiencia contraproducente: poco profesional, no se presentaba a la hora establecida y, añade la misma Marisela, “parecía un modo para controlarme, por esto he pedido que me la quiten”.
Hace pocas semanas la desafortunada mujer ha perdido un nieto: también él antes raptado, después torturado y matado. No se sabe si la cosa está directamente relacionada con su actividad, el hecho es que ha contribuido posteriormente a acrecentar el miedo.
¿Y la opinión pública? “O nos cree, o es complaciente: hemos hecho un sondeo preguntando a la gente si sabían la historia del feminicidio. Pues bien, sólo uno de entre diez, conocía la situación de manera satisfactoria”. De frente a todas estas dificultades las mujeres de la asociación no se dan (todavía) por vencidas. Y continuamos viajando por Méjico y el mundo para despertar conciencias.
Marisela tiene un sueño, dejar de escribir diariamente en la Web de la asociación: “Hoy es el día tal, y todavía no se ha resuelto nada”; y quisiera por el contrario escribir: “Desde hoy y nunca más habrá más feminicidios en Ciudad Juárez”.
Un sueño para apoyar y realizar: una derrota sería un grave desastre para toda la sociedad humana.