El mago
Cuando en la Biblia hablamos de un “mago”
no nos referimos a un ilusionista que engaña nuestros sentidos. El
mago, en el lenguaje bíblico, se identifica con el “soñador”.
Pero no con alguien que se sienta a esperar que desde el cielo se realicen
sus deseos, sino alguien que sueña un mundo más justo para todos
y compromete su vida en construirlo.
En la Biblia el paradigma del mago-soñador es José.
Su historia la encontrarás en el libro del Génesis a partir
del capítulo 37. Es bueno releerla, hasta encontrarás muchas
similitudes con las familias de hoy.
Luis Jimenez
Publicado el 01 de febrero de 2007
Es
el menor de doce hermanos y se gana la envidia de todos ellos. Jacob era el
predilecto de su madre, José es el predilecto de su padre.
Pero lo que suscita la envidia de los hermanos no es sólo la predilección del padre, sino también el comportamiento de José, que se enorgullece de ser algo especial, el que consigue todo lo que desea. José hace a sus hermanos agresivos porque, en lugar de amoldarse a ellos, confía en sus propios sueños. Tiene una fuente, una fuerza especial: el mundo de la inspiración interior. Es el mundo del mago.
José cuenta a sus hermanos un sueño en el cual estaban todos ellos atando gavillas en el campo. Su gavilla se mantenía en pie, mientras que las gavillas de sus hermanos se colocaban alrededor de la suya y se inclinaban frente a ella. Ante este sueño, los hermanos le replicaron: «Es que vas a ser tú rey y señor nuestro? Y le cobraron todavía más odio debido a sus sueños y a sus palabras» (Gen 37,8).
El odio que le tienen los hermanos les lleva a querer acabar con él, pero renuncian a su plan asesino. Lo arrojan entonces a una cisterna. Cuando pasan por allí unos comerciantes, Judá propone que se lo vendan a ellos. El hijo que contó con todas las bendiciones paternas se ve obligado a afrontar la propia impotencia, el miedo y el abandono. En la oscura cisterna se siente abandonado y entregado a la muerte. Los ismaelitas, a quienes es vendido por sus hermanos, lo llevan a Egipto y lo venden a su vez a Putifar. Falsas acusaciones lo llevarán a prisión.
El favorito del Faraón
En la cárcel, José descifra los sueños de dos compañeros
y al cabo de dos años, también el Faraón tiene un sueño
que no entiende. Los sabios y magos de Egipto no son capaces de interpretarlo.
El copero mayor se acuerda entonces de José y le habla al Faraón
de su habilidad para interpretar los sueños.
El Faraón manda llamar a José para que le descifre el sueño, pero José responde: «No soy yo, sino Dios, quien dará al Faraón una respuesta favorable» (Gen 41,16). Basándose en aquel sueño, José predice siete años de abundancia y siete años de escasez. Y le aconseja al Faraón levantar almacenes para guardar la producción de los años de abundancia y poder así sobrellevar los años de escasez. El Faraón nombra al mismo José administrador de su reino. Dice a sus cortesanos: «¿Dónde vamos a encontrar un hombre como éste que goce del espíritu de Dios?» (Gen 41,38).
José llega así a ser el hombre más poderoso de Egipto. Su desgracia se ha transformado en dicha. Es capaz de interpretar los sueños y cuenta con la bendición de Dios, todo le sale bien. Mientras todo el mundo muere de hambre, José, el mago, puede disfrutar de sus almacenes repletos.
José se nos presenta la imagen del hombre que no se limita a disfrutar de sus logros profesionales, sino que sabe escuchar sus sueños y que manifiesta sus sentimientos más genuinos y nobles. A esta sabiduría ha llegado José pasando por el abandono, la impotencia, la soledad y la oscuridad.
Necesitamos magos-soñadores
Tenemos ejemplos claros en nuestra historia: Francisco Javier cansado del
hastío de la vida sueña con un mundo nuevo y dedica su vida
a la evangelización. Martín Luther King soñó con
un mundo sin racismos y la igualdad de todos. Mahatma Gandhi también
soñó con que la libertad era posible y entregó toda su
vida a realizar ese sueño. Y un montón de hombres y mujeres
a lo largo de la historia fueron soñadores y magos. El más significativo:
Jesús de Nazaret.
José es paradigma de la misión porque para ser misionero hay que soñar, hay que entrar en contacto con el arquetipo del mago que abre el potencial que está presente en lo más profundo de cada ser humnano: potencial de inspiración, de creatividad, de posibilidades propias.
No hay misión sin sueños, tenemos que soñar la misión cada día, cada minuto.
enemos que ser, como José, grandes magos que inventan la misión como el lugar donde la fraternidad, la libertad, la justicia y la paz se hacen posibles.