Entre la moral y el Euro
Publicado el 01 de febrero de 2008
Por J. Altavista
Escribo
estas líneas cuando estamos empezando la vivir la campaña electoral.
Confieso que estoy en el pelotón de los indecisos. No es que tenga dudas sobre mi forma de pensar, o el tipo de sociedad que quiero. El problema es que el mensaje que llega desde los grandes partidos políticos me va haciendo más difícil decidir a quién daré mi voto.
Llevamos meses y años debatiendo sobre cuestiones que tiene que ver con la moral o la ética: temas como el “modelo de familia”, la “ética civil”, o el cómo poner “fin al terrorismo”, han centrado las discusiones, llenado páginas de diarios y movilizando a cientos de miles de ciudadanos.
Cuando empieza la campaña electoral lo único que tengo claro es quién será el ministro de Economía según qué partido gane las elecciones. Quién promete cobrar un euro menos de impuestos o pagar un euro más en las pensiones.
Todos los grandes discursos políticos han terminado en dudosas promesas sobre la economía diaria del bolsillo del votante. ¿Será cierto que a la hora de la verdad el voto nace del bolsillo de los electores?
Por supuesto que con el paso de los días nos irán ofreciendo otras propuestas: salud, educación, inmigración… una gran variedad de temas irán constituyendo hermosos programas políticos.
Pero no deja de ser curioso que el primer paso haya sido dar nombre y rostro a quienes gestionarán nuestros euros. Como si las elecciones fueran preguntarnos: “¿quién prefieres que maneje tu economía: Solbes o Pizarro?”.
Ya se que estoy simplificando las cosas. Pero es el mensaje que me a mí me llega en estos momentos. Como si lo demás viniera luego por añadidura, o mejor, como relleno.
El planteamiento tiene su lógica aplastante: quien le ofrezca al votante unas mejores perspectivas para su economía diaria, tendrá más posibilidades a ganar votos.
Es una triste lógica. Muestra los valores por
los que en realidad se mueve nuestra sociedad. Y. lo peor, quizás los
valores por los que nos movemos muchos de nosotros.
Los temas de la solidaridad, de los valores, de la ética están
bien para discusiones de salón, de café o de parlamento.
Nos llenamos la boca hablando de un mundo globalizado, donde todos dependemos de todos. De un mundo en paz donde se pueden evitar la mayoría de los sufrimientos inútiles. De derechos humanos básicos que siguen siendo pisoteados. De un planta al que le estamos poniendo fecha de caducidad… Pero parece que a fin de cuentas “el euro es el euro”.
Me niego a caer en el escepticismo de creer que la economía es el único valor que mueve nuestro mundo. Me niego a creer que el egoísmo se nos haya incrustado de forma tan absoluta a las personas.
Quiero seguir creyendo en los hombres. En nuestra capacidad de construir un mundo más justo y fraterno. En la posibilidad de ver más allá de nuestros intereses personales. En la capacidad de ser solidarios. De llamar “hermano” a quien es “distinto”.
Quiero seguir creyendo…No maten mi esperanza.