La Misión desde África

La evangelización y los nombres

José Carlos Rodríguez *

 

Publicado el 01 de febrero de 2008

“¡Que no, señora, que a su hija no le puedo poner por nombre “Aspirina”! Aunque les parezca mentira, no es ésta una situación muy extraña cuando he tenido que bautizar a niños en alguna capilla perdida en el bosque del Norte de Uganda. Cuando uno oye esta salida no sabe uno si echarse a reir o si unirse al coro de los cuarenta o cincuenta angelitos que alternan el mamar de la teta de sus padres con el lloro a moco tendido y todo volumen, para desesperación del oficiante que pasea por entre las filas de los padres con el cántaro de agua.

No les digo nada si me piden que bautice a sus niños con nombres como “Nokia”, “Toyota” o “Mitsubishi”. Aunque peores toros que estos he tenido que lidiar, sobre todo cuando hace años me pidieron bautizar con otros nombres como Sadam Hussein, Bil Clinton o Tony Blair. Ya ven ustedes, tantos años dando catequesis sobre la vida de los mártires de Uganda o San Francis Javier para esto. Y se va uno a la ciudad, y la gente te pide en la parroquia nombres de telenovela como Glenda, Nighty, Kevin, Alexis o Wonderboy.

Recuerdo en 1993, cuando Juan Pablo II visitó Uganda, cómo durante las catequesis que dimos a la gente en las aldehuelas perdidas del distrito de Kitgum, insistimos a los catecúmenos para que eligieran el nombre de Juan Pablo el día de su bautismo. Llegó el feliz acontecimiento, y los tres primeros chavales que agacharon la cabeza para que les echara el agua me gritaron “Bill Clinton!” cuando les pregunté qué nombre habían elegido. Me tragué el orgullo y después de dudar un momento dije “William, yo te bautizo...” en el momento de derramar las aguas. Por fin llegó uno, acompañado de su catequista, el cual me dijo que el muchacho quería llamarse Juan Pablo. Por fin una satisfacción... que se esfumó rápidamente cuando me enteré al final de la misa de que el muchacho era sordomudo y el catequista lo había elegido por él, seguramente para complacerme.

En fin, así son las cosas con esto de los nombres del bautismo por estos lares. Uno intenta evangelizar. Los resultados ya no dependen de mí.


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