Millones de personas buscan una salida al sombrío mundo de la apatridia
En la sombra
Quitarte la nacionalidad es quitarte la vida; es como regresar al mundo primitivo de los hombres de las cavernas o los salvajes… Podrías vivir y morir sin dejar rastro
Philippe Lecrec y Rupert Colville
Fuente: Revista “Refugiados” del ACNUR, nš 135 - 2007
Publicado el 01 de febrero
de 2008
Al
contrario que la filósofa Hannah Arendt (que pese a se apátrida
durante 16 años, disfrutó de una carrera de inmenso éxito),
la mayor parte de los apátridas son, casi por definición, anónimos.
Gente que vive en la sombra, al margen de la sociedad. Gente sin ninguna oportunidad
de hacer carrera.
Hay apátridas en todos los rincones del planeta, en los países en desarrollo y en los desarrollados. Y, hay muchas maneras de convertirse en apátrida. Algunos son apátridas por medidas tomadas hace mucho tiempo, y cada día nacen –o se crean por error- nuevos apátridas.
Desposeídos de sus derechos
Algunos- como Hannah Arendt, que perdió la nacionalidad alemana tras
huir de los nazis en 1933, o los kurdos feili, que fueron expulsados del Iraq
de Saddam Hussein- pasan a ser apátridas como resultado de decretos
oficiales que tratan deliberadamente de excluirlos de cualquier papel significativo
en la sociedad, expulsarlos del país o (en el caso de los judíos
europeos de la época nazi) como preludio del intento de exterminarlos
totalmente.
Contra toda lógica, incluso el desarrollo de la democracia puede ser lo que, en ocasiones, estimule la exclusión de un grupo concreto de la lista de ciudadanos, por el temor de los gobernantes a que el grupo en cuestión, o algunos de sus representantes prominentes, se alineen con la oposición política.
Entre los grupos que por una u otra razón, han quedado fuera del grueso de los ciudadanos con derechos cuando se constituyó o reformó su estado, se encuentran los musulmanes del estado de Rakhine (también conocidos como rohinyas), al norte de Myanmar, algunas tribus de las montañas de Tailandia, los bidunes de los países del Golfo, los lochampas de Bhután, los madhesi de Nepal y diversos grupos nómadas en todo el mundo.
Y luego, por supuesto, están los palestinos, muchos de los cuales se convirtieron en refugiados apátridas durante las tumultuosas revueltas que rodearon la creación del estado de Israel en 1948.
Kafkiano
Otras personas no poseen (o pierden) la nacionalidad por efecto involuntario
de leyes mal diseñadas, por un pobre sistema para inscribir los nacimientos,
por otros descuidos administrativos o simplemente por un conflicto legislativo
entre estados.
Los resultados para los afectados suelen ser devastadores. No siendo responsables de nada, algunas personas pueden llegar a perder la libertad porque sus padres infringieron las leyes de inmigración cuando ellos eran niños. Pueden permanecer encerrados de manera indefinida porque no hay un estado que los acepte como ciudadanos.
Algunas veces los niños nacen apátridas y lo siguen siendo toda su vida. Como tales, es posible que no puedan ir a la escuela o la universidad, trabajar legalmente, poseer bienes raíces, casarse o viajar. Puede resultarle difícil ser admitidos en un hospital, imposible abrir una cuenta bancaria y no tener ninguna oportunidad de recibir una pensión.
Si alguien les roba o los viola, quizás se encuentren con que no pueden poner una denuncia puesto que legalmente no existen, y la policía les exige una identidad para poder abrir una investigación. Son extremadamente vulnerables a la explotación como mano de obra barata o cautiva, especialmente en los países donde no pueden trabajar legalmente. Luego, como si todo esto no fuera bastante, muchos apátridas están condenados a traspasar su apatridia a sus propios hijos, como si fuese una especie de enfermedad de tipo genético.
En un extremo del espectro, algunos grupos de apátridas disfrutan de casi todos sus derechos básicos; por ejemplo, el medio millón de personas que pertenecen a las minorías rusoparlantes de Letonia y Estonia, a las que no obstante se sigue negando el derecho democrático al voto.
Pero, para muchos apátridas en todo el mundo,
es una situación corrosiva y desmoralizadora que empaña prácticamente
cualquier aspecto de sus vidas.
Una apátrida llamada Chen que en cierta ocasión se encontró
tirada en tierra de nadie entre dos de sus posibles países de nacionalidad,
describe lo que se siente en estos casos:
“Habiéndome dicho No en el país donde vivo, habiéndome dicho No en el país donde nací, habiéndome dicho No, en el país de donde proceden mis padres, siento que no soy nadie y ni siquiera sé porque estoy viva. Los apátridas tenemos siempre la sensación de ser prescindibles”.
Rechazados por la historia
Cientos de miles de personas son hoy apátridas por algún tipo
de conflicto en un país que ha cambiado de régimen político
o porque cayeron en el agüero negro dejando por un imperio en desaparición.
Los grupos se convirtieron en apátridas tras la disolución del imperio Otomano, por ejemplo, incluyen algunas de las poblaciones kurdas que se trasladaron a Siria desde otros puntos del imperio.
Cuando Siria hizo un censo en 1962, unos 300.000 kurdos se quedaron sin nacionalidad. En algunos casos algunos miembros de una familia recibían la nacionalidad y otros no (a resultas de lo cual estos últimos son apátridas desde entonces)
Este tipo de gente puede incrementar sus esperanzas por los acontecimientos de Sri Lanka, donde, gracias a una nueva ley aprobada en 2003 ( casi dos siglos después de que los trajeran de la India británica), cientos de miles de tamiles montañeses pueden ahora obtener la ciudadanía mediante una sencilla declaración. Y otro avance aún más impresionante se ha producido a principio de 2007 en Nepal, donde, como una feliz consecuencia del proceso de paz, se ha hecho entrega de certificados de ciudadanía, en tan sólo cuatro meses, a la notable cifra de 2,6 millones de personas previamente apátridas.
Definiendo la APATRIDIA
¿Qué es un apátrida?
El término apátrida se refiere a alguien no considerado nacional,
según las leyes del país, de ningún estado (también
conocido como apátrida de jure). Una segunda categoría con una
definición menos rígida es la de apátrida de facto, que
no disfruta de los mismos derechos que los demás ciudadanos (por ejemplo,
su país no le concede el pasaporte o no le permite regresar) o que
es incapaz de demostrar su nacionalidad)
¿Qué es nacionalidad o ciudadanía?
Los términos no son necesariamente sinónimos. Sin embargo algunos
países utilizan ambos para describir el “vínculo legal”
que une a un estado y un individuo. Incluye derechos así como responsabilidades
políticas, sociales y económicas tanto del gobierno como del
ciudadano.
¿Cómo se concede una nacionalidad?
Generalmente a través del registro de nacimientos en el territorio
de un país, la descendencia de otro ciudadano o la nacionalización
por matrimonio con un ciudadano. La nacionalidad puede también concederse
tras residir durante un periodo de tiempo establecido o por otras razones
específicas. Las normas varían según el país,
y estas variaciones son a menudo la causa de la apatridia.
¿Son los refugiados apátridas?
Pueden ser apátridas de jure, pero la mayoría no lo son. Hay
grupos o individuos a los que se desposee de su nacionalidad como parte de
un proceso de persecución, y que luego huyen como refugiados. O al
contrario, son castigados por haber huido privándoseles de la nacionalidad.
Pero muchos apátridas no sufren persecución y muchos refugiados
conservan su nacionalidad durante su terrible experiencia en el extranjero.
Fuente: Revista “Refugiados” del ACNUR, nš 135 - 2007