La Iglesia local y el protagonismo de la Misión

 

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Os invito a reflexionar juntos a lo largo de este año sobre el papel de la Iglesia local en la misión universal encomendada a toda la comunidad cristiana.
La Iglesia es y existe para evangelizar. Eso es consecuencia de la voluntad de Dios que Pablo expresa claramente en su primera carta a Timoteo: “Dios quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad” (1Tm 2, 4). La fidelidad a esa voluntad del Padre es una exigencia para la Iglesia en todos sus niveles.

 

 

 

La Iglesia particular es sujeto y protagonista de la misión de Cristo, tanto en el ámbito de su territorio, como hasta los confines de la tierra. No estamos hablando de un ente etéreo o de una estructura eclesial, sino de una realidad que se concreta en las personas que a ellas pertenecen, en el seno de una comunidad, y que por el bautismo han de responder a su vocación: participar de la misión de Cristo desde un lugar geográfico concreto y un contexto social y cultural determinado.

 

¿Qué se entiende por Iglesia local o particular?
Es bueno aclarar los conceptos desde el principio.
El Concilio Vaticano II usa la expresión “Iglesia particular” o “local” para referirse a las diócesis, definiéndola así: “Es una porción del Pueblo de Dios que se confía a un Obispo para que la apaciente con la cooperación de los presbíteros de forma que, unida a su pastor y reunida por él en el Espíritu Santo por el Evangelio y la Eucaristía, constituya una Iglesia particular” (Ch D 11).

 

Por naturaleza, toda Iglesia particular antes de ser misionera ha sido misionada, antes de evangelizadora, ha sido evangelizada, es decir, existe porque un día llegaron misioneros e hicieron el “anuncio” “el Kerigma” en un lugar y un pueblo determinados. Una vez evangelizada, se configuró de una forma determinada, en razón de las formas adoptadas, las personas, los pueblos y culturas. La Iglesia de Cristo se incultura así de maneras distintas y en esto está su gran riqueza y su finalidad será siempre, orientar la conciencia y la experiencia de la humanidad hacia el misterio de Cristo (RM 4).

 

Lo que nos hace ser Iglesia
Por ello, uno de los elementos constitutivos de la Iglesia local es su apertura a la comunión y a la evangelización. Vive del dinamismo misionero que arranca de la iniciativa divina por acercarse al otro, a lo distinto, a lo diferente. Esta responsabilidad misionera de la Iglesia local se va definiendo en torno a elementos misioneros que forman parte de su misma naturaleza e identidad.

 

Otros elementos que nos permiten reconocernos con Iglesia misionera son:

El Evangelio: como el punto en torno al cual la comunidad se reúne para escuchar y celebrar; en ella resuena como anuncio la Palabra cuyo eco invita a salir a los caminos –Id por todo el mundo- . Y la respuesta de la fe es el origen de la comunidad cristiana que a su vez se convierte en evangelizadora.

 

La espiritualidad misionera: el Espíritu, como el alma vivificante que edifica la Iglesia, suscita el carisma evangelizador, reaviva los carismas, impulsa al anuncio del Evangelio, interpreta los signos de los tiempos y mueve a la conversión.

 

El anuncio: la Iglesia envía evangelizadores a anunciar, proclamar, proponer, hasta que las nuevas Iglesias estén plenamente formadas y ellas puedan continuar a su vez la tarea de anunciar el Evangelio (LG 17).

 

La misión: la acción misionera de cada Iglesia local, no termina nunca, sino que sigue creciendo a través de la misión y expansión del Evangelio hacia una misión abierta a lo universal y que sigue enviando misioneros a anunciar los valores del Reino a todos los pueblos y culturas. Una misión hacia fuera, hacia la otra orilla, y otra, simultanea, hacia dentro, reevangelizándose.

 

La Eucaristía: como el corazón de la comunidad y de la Iglesia local, garantiza la presencia del Resucitado, y como consecuencia el Resucitado no se entiende sin el “Id y anunciad”. Y su celebración concluye con el envío para transmitir la Buena Noticia a toda la humanidad, haciendo presente el Reino de Dios.

 

Todas estas características de una Iglesia local misionera nos pueden ir guiando hacia una búsqueda de sus raíces, su identidad y su dinamismo evangelizador.


 

*Misionero de la Consolata y
Delegado de Misiones de la diócesis de Málaga

10/01/2012