Pequeñas propuestas para un nuevo año
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Escribo estas líneas en los primeros días de 2012. Habrá quienes sigan haciendo proyectos para este nuevo año que nunca se cumplirán. Por eso he elegido hacerme pequeñas propuestas a corto plazo.

A medida que van pasando los años, uno se hace más escéptico frente a los proyectos de cambio. Así que he buscado algunas propuestas que puedan ser realizables.
La primera es oír menos telediarios y ver menos informativos de la radio. ¿O es al revés? Con tantas malas noticias y peores pronósticos mi salud mental se está deteriorando a mayor velocidad.
No es que me vaya a aislar de la realidad. Pero racionaré la cantidad de informaciones y opiniones que puedo asimilar cada día. Tengo que defender la vida de mis neuronas.
La segunda será comprarme unas gafas para ver de lejos. Aunque de momento sólo las necesite para leer. Me parece que últimamente sólo vemos los problemas que nos afectan más de cerca. Y son reales.
Pero posiblemente, si viéramos más allá de nuestra realidad inmediata, si mirásemos hacia el mundo en su conjunto, las cuestiones más cercanas las veríamos de otra manera. Los problemas que vive el mundo nos harían comprender que no estamos tan mal como creemos. Y no es aquello de “mal de muchos consuelo de tontos”. Es una cuestión de solidaridad, De sentirnos familia con todos los hombres y mujeres del mundo.
La tercera va a ser darle un periodo de descanso a mi larga lista de defectos personales que son muchos. No voy a intentar cambiarlos todos. Los dejaré descansar por un año.
Bueno a todos menos a uno: la codicia. No sólo porque San Pablo dice que la codicia es una forma de idolatría (cosa seria), sino porque estoy de acuerdo con el análisis que hacen algunos cuando afirman que la codicia es la causa de crisis actual que vivimos. Eso hace que sea el objetivo contra el cual luchar este año.
A última hora me di cuenta que me faltaba algo. Casualmente me encontré con unas líneas escritas por el Cardenal Josef Suenens, nacido en 1904 en Bélgica, y publicadas en España por la Editorial Desclée de Brouwer en el lejano 1968.
Dice así: “Esperar es un deber, no un lujo. Esperar no es soñar. Es el medio de transformar los sueños en realidad. Felices los que tienen la audacia de soñar y están dispuestos a pagar el precio para que sus sueños puedan hacerse realidad en la historia de los hombres."
Y me parece que aporta tres elementos a los que no podemos renunciar:
Mantener la esperanza. Si perdiéramos la esperanza, perderíamos nuestra condición de personas humanas.
No quedarnos en soñar que un mundo mejor es posible, sino comprometernos para hacer que nuestros sueños vayan transformando la realidad. Será la prueba de que nuestra esperanza es real.
Estar dispuestos a pagar el precio para que los sueños se hagan realidad y modifiquen la historia de la humanidad.
Confieso que me da miedo eso de “pagar el precio”, pero intuyo que si soy capaz de controlar la codicia estaré en buen camino.
No será fácil. Pero cuantos más nos comprometamos en ese sentido, más conseguiremos para mejorar nuestro mundo. Aunque sigamos en crisis.
J. Altavista
10/01/2012
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