Welkite (Etiopía)
Una misión solo de paso…

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Después una primera etapa de trabajo misionero en Etiopía, sor Paula está destinada para asumir el trabajo en otra zona del país. Pero el imprevisible clima etíope les ha dejado a ella y a otras dos misioneras a mitad de camino.

 


“El templo de Dios es santo y este templo sois vosotros”. Estas palabras de San Pablo expresan muy bien mi experiencia en Welkite, donde el pueblo vive celebra su fe según el rito oriental que, para muchos de nosotros, es nuevo. El lenguaje usado en la liturgia, rica en gestos y signos sagrados, es el Geez y el Amárico. Hace poco que estamos en Welkite, a unos 150 km de la capital, Addis Abeba.

 

Somos tres misioneras de la Consolata: Hna Carla Rita, italiana y con larga experiencia misionera; Hna Kibinesh Amanuel, etíope, que está iniciando su trabajo misionero, y yo que soy argentina y he trabajado durante años en Shambu, en la zona Omoro de Etiopía.

 

Nuestra casa es de barro, con un poco de cemento en las paredes exteriores. Es pequeña y sencilla, situada en medio de la gente. En cuanto llegamos para limpiar y reestructurar un poco la casa, la gente del lugar se acercó para ayudarnos a terminar pronto y contar con la presencia de las misioneras. Cuando llegamos nos abrumaron con su ayuda en comida, acompañada de cantos y celebraciones festivas.

 

Pero estamos de paso
En realidad no pensábamos quedarnos en Welkite. Era solo un lugar de paso. Nuestro destino es la misión de Gallie Rogda, a 20 kms. de distancia. Allí se encuentran seis tribus distintas, entre ellas los Gumus, que en el pasado llegaron a Etiopía como esclavos y han estado siempre marginados.

 

Pero el clima marca la vida de este país. A Gallie Rogda no podremos llegar hasta que no cesen las grandes lluvias y podamos seguir adelante en este lugar sin caminos asfaltados. Entonces iniciaremos la organización de la nueva misión.

 

Cuesta dejar este lugar
Obviamente dejar esta misión “de paso” nos desagarrará el corazón. Tanto el párroco como la gente nos dicen: “¡No os dejaremos marchar! Sois las primeras religiosas que han llegado aquí y os quedaréis entre nosotros”.

 

Nuestro párroco, Miguel Kinfe, etíope, diocesano, con el que muchas veces dialogamos sobre la liturgia latina y la oriental, se esfuerza en ayudarnos a comprender el sentido de los ritos, de apreciarlos y respetarnos mutuamente.

 

El pueblo, en su sencillez, no enseña mucho, y nos invita a escuchar lo que vive: el respeto por lo sagrado, el silencio, los gestos de veneración…

 

Es un pueblo que reza y comparte mucho. Es normal que después de una misa de difuntos o de acción de gracias todos se reúnan para compartir un café, pan y te, ofrecido por la familia a toda la comunidad.

 

Atención a los ancianos
Hace poco se ha comenzado en la parroquia un Centro de asistencia a los ancianos: se busca sobre todo atenderlos con alimentos, en un lugar acogedor.

 

El obispo nos ha pedido que ayudemos a organizarlo y gestionarlo. Junto al párroco y a los jóvenes hemos iniciado a limpiar y delimitar el terreno, a limpiar y arreglar una vieja casa, al mismo tiempo que comenzamos a visitar a las familias que podrán beneficiarse de este nuevo centro.

 

Las visitas las realizan Hna Kibinesh, junto a Dereje (un catequista) y Salomón (un joven de la comunidad). Las visitas son al mismo tiempo esperanzadoras y desafiantes. Nos enfrentamos a una necesidad urgente, pero la realidad supera con creces nuestras posibilidades y lo que en principio habíamos pensado.

 

Es normal que la realidad nos supere. Duele reconocer que nuestras posibilidades de respuesta son limitadas. Quisiéramos hacer más de lo que podemos. Pero esas limitaciones nos ayudan a compartir la pobreza de la gente con la que trabajamos. Nos hace sentirnos más cerca de ellos. Eso va creando profundos lazos de relación humana, algo que es fundamental en todo trabajo misionero.

 

Siempre de paso
Os confieso que me cuesta cada día más pensar en el día en que tengamos que dejar Welkite camino de nuestra nueva misión en Gallie Rogda. Calculamos que no quede mucho tiempo para seguir nuestro camino.

 

Mientras tanto, nosotras aquí rezamos con la gente, ayunamos con ellos, acompañamos los grupos de jóvenes, visitamos las familias y especialmente estamos abiertas a cuanto el Señor pida de nosotras en este “tiempo de paso”.

 

Nos da fuerza el saber que el trabajo misionero es siempre un trabajo de paso, pero siempre guardaremos un grato recuerdo de agradecimiento y cercanía afectiva hacia este pueblo donde el clima etíope nos ha obligado a parar unos meses que ya parecen años. Hemos descubierto que este pueblo, estas personas, son “templo de Dios”. Y nos encontramos con Él dejando nuestra tierra y nuestros “esquemas” religiosos.


 

Hna Paula Lafargue
Misionera de la Consolata

10/02/2012