Naciones Unidas frente a la violencia contra la mujer
Publicado el 01 de enero de 2010
El 29 de enero de 1910 fueron fundadas las misioneras de la Consolata. El 29 de enero de este año comienzan a celebrar su centenario.
Están presentes en España desde 1971. Actualmente trabajan en: Amazonas, Mongolia, Tanzania, Inglaterra, Brasil, Estados Unidos, Mozambique, Liberia, Bolivia Italia, Guinea Bissau, Etiopía, Portugal, España, Colombia, Venezuela, Kenia, Argentina, Suiza, Djibuti, y esperan con ansiedad regresar pronto a Somalia.
Éste es el testimonio de Hna. María Dolores Otero Fernández, misionera de la Consolata española, actualmente en Argentina sobre lo que para ellas significa este centenario.
"Agradecemos a lo largo de estos cien años por:
La profundización de nuestras raíces carismáticas, fundamento necesario de nuestro estilo de vida y modo hacer misión.
La riqueza de una continúa búsqueda de la comunión universal entre las distintas culturas y el testimonio de vida, indispensable para el anuncio del reino y su justicia.
La búsqueda de caminos para acompañar a los pueblos en sus luchas y esperanzas con actitud crítica y profética.
La inquietud frente a los desafíos que acechan a la sociedad en las distintas épocas del recorrido, tratando de discernir y dar respuestas lo más significativas posible.
La fidelidad de tantas hermanas que alimentadas por la fuerza de la Palabra y del Pan Eucarístico han sabido despojarse, con sentido de riesgo, para llevar la Consolación y entregar su vida.
La gracia de llevar el primer anuncio a muchas personas que luego ellas mismas han sido las promotoras del anuncio con la palabra y el testimonio de vida.
La alegría de ver nacer y crecer a la Iglesia por la presencia de las misioneras en distintas partes del mundo, formando al mismo tiempo, agentes de pastoral.
La apertura a los Laicos Misioneros de la Consolata agrandando así a nuestra familia y compartiendo nuestro carisma, enriqueciéndolo más por los dones que ellos mismos aportan, para la extensión del Reino.
Quisiera pedir al Señor para mí y para todas las hermanas, la escucha atenta, en cada momento, a lo que el Espíritu nos vaya sugiriendo y saber discernir con una fe grande como la de Abraham, seguras que es el Señor quien acompaña siempre el proceso, mirando la realidad desafiante y cambiante".