¿Un año nuevo o un año más?
P. Bernardo Baldeón
Publicado el 01 de enero 2010
Hace unos días estrenábamos el año 2010. Casi todos nos hemos felicitado un “año nuevo”. Pero a mí me venía a la mente si será un “año nuevo” o si será un “año más”.
Que sea un año más, significa que seguimos vivos, cosa que no es poco. Pero el que sea un año nuevo, implica que en nuestra vida se hace presente alguna “novedad”.
Quien tenga un nivel de vida más o menos aceptable se conformará con un “año más”. Aquellos que viven en condiciones difíciles o infrahumanas, esperarán que este 2010 sea un “año nuevo” que les permita vivir en condiciones más dignas y más humanas.
Es bueno que todos pretendamos vivir mejor. Sería mejor si, quienes vivimos en países como el nuestro, comprendiéramos que “vivir mejor” no significa poder consumir más, sino mejorar nuestra forma de convivir con nosotros mismos, con los demás y con la naturaleza. Seríamos más felices.
Si nuestro nivel de vida -o de consumo- disminuye, pondremos el grito en el cielo. Y en parte no nos falta razón. Pensemos en los miles de jubilados y pensionados para los que prever sus gastos mensuales resulta más difícil que elaborar los Presupuestos Generales del Estado.
Creo que la mayoría de nosotros nos habremos dado cuenta ya de que nuestro ámbito de vida no termina ni en los Pirineos, ni en el Estrecho de Gibraltar. Formamos parte de un mundo donde las fronteras sirven para defender los privilegios de unos pocos y poco más.
Más del 80% de los hombres, mujeres y niños de nuestro mundo viven por debajo de las condiciones de supervivencia. Y no podemos seguir echando la culpa a que son vagos, no saben producir, son corruptos… y tantos otros motivos que hemos creado para tranquilizar nuestras conciencias.
Seamos sinceros. El que 8 de cada 10 personas vivan en condiciones inhumanas es consecuencia de las normas que los países poderosos imponemos en temas como el comercio, la agricultura, la ecología, la salud, la economía…
Nosotros podemos conformarnos con que éste sea un “año más”. El 80% de las personas esperan –si aún les queda espacio para esperanza- que sea un “año nuevo”, en el que al menos empiecen a ser tratados como personas.
Nos justificamos diciendo que yo lucho cada día para que mi familia esté mejor. Es justo y está bien. Pero nos hemos olvidado de que nuestra familia no termina en la puerta de salida de mi casa.
Mi familia es toda la humanidad. Porque Dios no es “mi” Padre, lo es de todos los hombres y mujeres. Eso nos une y nos hace responsables a unos de otros. Si no la aceptamos, es más honesto quitarnos el nombre de cristianos o de creyentes, cualquiera que sea nuestra religión.
Dios se hizo hombre en un establo: un lugar in-humano para que supiéramos dónde podemos encontrarlo y desde dónde se puede cambiar nuestro mundo.
A la mayoría de los misioneros les toca compartir situaciones in-humanas con personas que tienen la misma dignidad y los mismos derechos que tú y que yo, pero no les son reconocidos.
Nos duele compartir su situación, pero a la vez su fe y su esperanza fortalecen nuestra fe y nuestra esperanza. Te confieso que más nos duele los límites que nosotros ponemos a nuestra solidaridad. Y nos duele hondo.
De corazón te deseo que 2010 sea un “año nuevo” para ti, para tu familia y para tu comunidad.