Brasil
La igualdad es aún lejana
Publicado el 01 de enero 2010
Juan Carlos Martínez
En los últimos años Brasil ha saltado a los medios de comunicación como uno de los países emergentes con más posibilidades de éxito. Esto puede deberse fundamentalmente a dos factores. El primero su macroeconomía en expansión, en gran parte debida a la inmensidad y diversidad de recursos naturales, y a las inversiones extranjeras que confían en la tranquilidad política y democrática del país. La segunda su presencia constante en eventos internacionales y a la popularidad alcanzada por el presidente Luís Ignacio Lula da Silva.
Los números no son falsos. Ciertamente Brasil es un país inmensamente rico, con enormes potencialidades, que puede llegar a ser una de las grandes economías de nuestro mundo globalizado tanto por su capacidad de producción como por su capacidad de consumo. De hecho es considerada la mayor economía de Latinoamérica, la segunda de toda América y la octava del mundo.
Desgraciadamente en demasiadas ocasiones los números macroeconómicos no coinciden con los de la economía de la población, o al menos de gran parte de ésta. Si los grandes números atestiguan el alza del Brasil y nos dan una visión muy optimista de las cosas, los pequeños números nos traen de vuelta a la dura realidad de millones de brasileños y brasileñas. Como decía el economista Edgar Bacha, la economía brasileña está marcada por ese contraste entre realidades de extrema riqueza por un lado y de pobreza hiriente por otro. Continúa siendo uno de los países más desiguales e injustos en lo que se refiere a la distribución de sus riquezas.
La elección del presidente Luís Ignacio da Silva en 2002 alimentó la expectativa y la esperanza de que las cosas podrían cambiar puesto que él era el resultado de décadas de organización y movilización social. Pero su gobierno, al no conseguir constituir electoralmente una mayoría parlamentaria, optó por una mayoría en moldes semejantes a los gobiernos anteriores sin modificar la tradicional relación entre los poderes ejecutivo y legislativo, donde el Estado es tratado como una máquina de división de privilegios y ganancias.
La oposición trata esta situación como si hubiese sido inaugurada por el gobierno Lula y no como parte de la herencia política brasileña que ha llegado hasta nuestros días. Los movimientos de oposición centran su actividad política en desmontar las bases de apoyo que permiten la gobernabilidad del Estado.
Las instituciones parecen ya viciadas e incapaces de auto reformarse, y en la sociedad va creciendo la convicción de la necesidad de una Reforma Política capaz de cambiar la relación entre los poderes de la República, que cree condiciones necesarias para la instauración de una democracia verdaderamente popular y participativa que oxigene las instituciones del Estado. Pero tampoco podemos dejar de anotar el hecho de que con la llegada de Lula da Silva a la presidencia de la República, los movimientos sociales sufrieron un revés inesperado y de graves consecuencias. Podemos caracterizarlo por dos situaciones: la primera una falsa convicción extendida entre el movimiento social brasileño de que una vez llegado el Partido de los Trabajadores al poder, las reformas preconizadas durante años por los movimientos sociales serían materializadas y que de alguna manera podrían “descansar”, rebajar notablemente sus acciones y su presencia movilizadora en la sociedad. La segunda, el trasvase sistemático de los principales líderes sociales hacía instituciones u órganos del Gobierno, encargados teóricamente de llevar el pensamiento del movimiento social a las más altas esferas del poder político, y como consecuencia el descabezamiento del movimiento social que durante esos años fue despojado de las personas que ejercían un papel dinamizador.
Con el paso del tiempo, y viendo que muchas de las opciones del Gobierno Federal contradecían el discurso reformador de décadas, los líderes sociales comenzaron a apearse del proyecto Lula y los movimientos a retomar su función movilizadora dentro de la sociedad.
Sanidad
El SUS (Sistema Único de Salud) es la mayor política inclusiva de Brasil, sistema de salud pública construido con el apoyo de la sociedad civil organizada, uno de los mayores avances consagrados por la Constitución Federal de 1988. Aún así, no fue suficiente para garantizar su real cumplimiento. El mercado no se conformó e invierte mucho para que el Sistema Único de Salud no funcione.
Puede ser contradictorio, pero el fundamento del SUS no es la enfermedad, sino la salud. La promoción y protección de la salud es el sustento de esta política pública, incluso porque prevenir es mucho más barato que curar. El SUS posee el segundo mayor presupuesto de la Unión, está presente en todos los Estados e intenta dar cobertura a toda la población. Aún así a nadie se le escapa la precariedad en la que sobrevive, sea de medios materiales como de personal cualificado.
Energía - hidroeléctricas
El PAC (Programa de Aceleración del Crecimiento) lanzado por el presidente Lula tiene como uno de sus objetivos fundamentales solucionar las dificultades de generación de energía que tantos problemas causó durante el gobierno Cardoso, y al mismo tiempo rentabilizar uno de los recursos naturales más abundantes en Brasil, y especialmente en Amazonia, los grandes cursos de agua.
Brasil hoy es productor mundial de combustibles fósiles, innovador en la creación y el desarrollo de tecnologías de captación de petróleo en aguas profundas. Consciente de que estos recursos además de altamente contaminantes, no son ilimitados, se hace necesaria la búsqueda de energías limpias y sostenibles.
Nadie duda de la necesidad de un país de buscar fuentes alternativas para la producción de energía que suplan sus necesidades. El problema aparece cuando la fórmula adoptada para ello es altamente destructiva y no viene al encuentro de las reales necesidades de la población. De hecho la construcción de estas grandes represas no es totalmente inocente en términos ambientales ya que la inundación de grandes superficies de terreno trae consigo la destrucción de la vida natural del lugar, problema agravado en la Amazonia un espacio de riqueza de flora y fauna únicas.
Por otra parte estas grandes obras interfieren muy negativamente en la vida de las poblaciones afectadas. Comunidades que tradicionalmente tienen su vida y su cultura enraizada en un determinado lugar se ven obligadas a dejarlo todo para ir a ninguna parte, problema éste que se agrava cuando el Gobierno Federal no da soluciones viables para estas comunidades que quedan desamparadas humana y legalmente.
Pueblos indígenas
La historia de los pueblos indígenas con el actual presidente de la república es antigua y nos lleva del amor incondicional al olvido más absoluto. Lejos de estructurar acciones y opciones de estado que ratifiquen lo especificado en la Constitución de la República, cuando analizamos la actuación del gobierno en relación a los pueblos indígenas veremos cómo se trata de simples políticas compensatorias. Pero a pesar de ser éste un grave problema en el día a día de las comunidades indígenas, aún no es la mayor decepción.
El reconocimiento de las tierras como espacio vital para los pueblos indígenas es una lucha de décadas. La tierra es la base donde se asientan y desarrollan todos los demás derechos. Sin el reconocimiento oficial de posesión y usufructo, las comunidades quedan a merced del político o del hacendado de turno. Durante los años en la oposición el PT ganó fuertes aliados en los pueblos indígenas y sus organizaciones, prometiendo que una vez llegados allí aplicarían la ley y el mandato constitucional. Al final, las políticas económicas neoliberales del actual gobierno, sus pactos y acuerdos para conseguir apoyos parlamentarios, imposibilitan los procedimientos de identificación y demarcación que están prácticamente parados.
Conclusión
La elección de Luís Ignacio da Silva alimentó la esperanza del pueblo brasileño en la superación de sus problemas sociales y económicos y en la construcción de otro modelo de desarrollo que tuviese más en cuenta las necesidades de los ciudadanos y ciudadanas de a pie. Pasados siete años desde aquel momento de entusiasmo colectivo podemos decir que sí hay muchos aspectos de la realidad que han mejorado, especialmente los que se refieren a la presencia de Brasil en el concierto internacional y a su creciente poder económico. También en el plano nacional el gobierno federal muestra otra imagen manteniendo formas y maneras propias de administraciones pasadas.
Dicen que Lula llegó al gobierno pero no al poder. Las estructuras sociales, políticas y económicas del país fueron forjándose a lo largo de cinco siglos y pasando de unas manos a otras sin sufrir grandes alteraciones. El gobierno Lula se vio rehén de la necesidad de pactar y ceder para poder gobernar, aprisionado por una estructura anquilosada, demasiado grande y demasiado pesada.