Aloisio y Albino treinta años después
P. Bernardo Baldeón
Publicado el 01 enero de 2008
En este año se cumplirá el 30º aniversario de la muerte de Pablo VI, el 6 de agosto de 1978.
Tiempos difíciles para la Iglesia. Había que poner en marcha las decisiones del Concilio Vaticano II. La elección de un nuevo Papa era conflictiva.
El entonces cardenal de Venecia, casi desconocido fuera de Italia, expresa su opinión de que es hora de elegir un Papa del Tercer Mundo. Se llama Albino Luciani y no se corta al manifestar que su candidato es un cardenal brasileño: Aloisio Lorscheider, por entonces arzobispo de Fortaleza (Brasil) y según afirma Albino “comprometido en cuerpo y alma con los pobres”. Defensor de la Teología de la Liberación y enfrentado con el régimen militar que gobernaba en Brasil.
Para nadie es un secreto que si Aloisio sale elegido Papa se iban a producir profundos cambios en la Iglesia, En aquel momento era presidente de la Conferencia Nacional de Obispos de Brasil (CNBB) y del Consejo Episcopal Latinoamericano (CELAM).
Los electores papales estaban divididos. Lorscheider fue descartado. Los candidatos más conservadores también. Y surgió la sorpresa: el elegido como Papa fue el propio Albino Luciani, que eligió el nombre de Juan Pablo I.
Sorprendió a todos cuando el 19 de septiembre de 1978 durante en el rezo del Ángelus dijo: “Los que estamos aquí (…); somos objeto de un amor sin fin de parte de Dios. Sabemos que tiene los ojos fijos en nosotros siempre, también cuando nos parece que es de noche. Dios es Padre, más aún, es madre”.
La afirmación de que Dios es “madre” más que padre, dio la vuelta al mundo. No fueron pocos los que se escandalizaron.
Su inesperada muerte nueve días más tarde, el 28 de septiembre, le impidió desarrollar esa visión de Dios.
La jerarquía de la Iglesia tomó otros caminos. Pero no han faltado quienes siguen profundizando en aquella intuición a cerca de la “maternidad” de Dios de Albino. Intuición que posiblemente no había nacido sólo de su reflexión personal, sino también del trabajo que muchos hermanos suyos en el episcopado realizaban a lo largo del mundo. Entre ellos, sin duda, se encontraba Aloisio, el cardenal brasileño que él quería como Papa.
El pasado domingo, 23 de diciembre, Aloisio moría a los 83 años. Había sido nombrado obispo a los 37 años y fue relevado del trabajo pastoral en 2004, a los 80 años, por motivos de edad.
Dos personalidades casi desconocidas pero que siguen marcando buena parte de la vida de la Iglesia. Haciendo memoria de ellos, a lo largo de este año queremos recuperar, en distintas secciones de nuestra revista, la imagen y los rasgos maternos del Dios en quien creemos y a quien anunciamos los cristianos. Aloisio y Albino, desde el anonimato, han aportado una riqueza inmensa a la misión de la Iglesia.