Yo no quiero ser jefe
Publicado el 01 de enero de 2008
Por J. Altavista
Es
lunes por la mañana. Me encamino al trabajo con “cara y humor
de lunes”.
A la entrada del metro, como todos los días, me dan uno de esos periódicos gratuitos. No hay espacio para abrirlo, así que leo sólo la portada y el título principal: “Todos queremos ser jefe”.
Cuando puedo leer el artículo no dice gran cosa: que la figura del “jefe” es controvertida (envidiado, odiado, querido, visto con indiferencia) pero que aunque la mayoría quisiéramos ocupar ese lugar no lo decimos porque estaría mal visto entre los compañeros. Pero el 41% confiesa desear ese puesto.
Como es lunes, me cuesta poner las neuronas en funcionamiento
y saber si yo estoy entre ese 41%, o entre los que lo desean y se lo callan,
o si no me interesa.
Sí me lleva a recordar un cuento que escuché hace muchos años
y que en versión resumida sería algo así:
En un edificio de 12 plantas, el vecino del bajo un buen día se compró una tortuga como mascota.
El del 1º pensó que él no podía ser menos ni tener una mascota menor y se compró un gato.
El del 2º, siguiendo el mismo razonamiento, se compró un perro.
Y el “fenómeno” fue ascendiendo de piso en piso.
En pocos meses el edificio parecía un zoológico con un animal más grande a medida que ascendías de planta.
Al final sólo faltaba el del piso 12º. Iba a ser difícil superar al del 11º.
Casualmente un circo que estaba en la ciudad vendía un viejo elefante inservible ya para el espectáculo. Era la solución.
Subir un elefante 12 plantas no era tarea fácil.
Hubo que contratar varios helicópteros que con sumo cuidado dejaron
al paquidermo en la terraza del último piso.
Apenas el elefante dio dos pasos el edificio se vino abajo aplastando personas,
mascotas y deseos de ser o aparentar más.
Los tribunales definieron el caso como “Suicidio
colectivo por ansias de grandeza”.
Vivimos grandes problemas: cambio climático, agrotóxicos, uso
irracional del agua, precios abusivos de los medicamentos, fabricación
masiva de armas…
Vivimos también problemas aparentemente pequeño: son todas esas situaciones donde creemos que para ser alguien, para que se reconozca mi valor como persona debo tener a alguien “por debajo” de mí. Debo tener más cosas y más grandes que él, debo tener alguien a quien mandar y ordenar… el que está abajo es un “don nadie”.
Gran mentira. Y para colmo peligrosa porque con facilidad se puede convertir en “suicidio colectivo por ansias de grandeza”.
Recuerdo que en algún momento Jesús dijo: “Quien quiera ser el primero, que sea el último y el servidor de todos”. Y mientras tengo el periódico de esta mañana encima de la mesa, pienso que quizás sea verdad, porque el que está abajo es quien sostiene a los otros 11 que están más arriba. El que está abajo impide que los otros mueran aplastados. A veces el Evangelio muestra un sentido común que contradice nuestra lógica.
Llega la hora de almorzar y algo tengo claro: yo no quiero ser jefe.