La Misión vista desde Europa
El sueño de una Iglesia Misionera
José Manuel Madruga Salvador
Sacerdote de la diócesis de Burgos
y miembro del IEME. Director de la
revista Misiones Extranjeras
Cuando hace treinta y cinco años salí, por primera vez, para incorporarme a un proyecto misionero en un país del Caribe, la misión seguía entendiéndose de una forma unidireccional.
Publicado el 01 de enero de 2008
Hoy, debido a los muchos cambios acaecidos, la misión se vive más bien como comunión entre iglesias, encuentro entre culturas y pueblos. El misionero se ha convertido en puente entre diferentes culturas y experiencias religiosas, en rastreador de las huellas de Dios en el mundo y en testigo cualificado de la acción de Espíritu, auténtico protagonista de la misión.
Es cierto que la misión goza de una buena imagen en nuestra sociedad, tanto al interior de la Iglesia como en ambientes no confesionales, pero sin embargo el misionero que llega para quedarse o de paso tiene la impresión de no sentirse lo suficientemente acogido y no encuentra espacios donde poder compartir su rica experiencia misionera.
Cuando esto sucede la iglesia española, que tiene tantos misioneros, pierde un potencial evangelizador extraordinario en un momento en el que las mismas fronteras de la misión se han trastocado de tal forma que hoy nos encontramos con situaciones misioneras entre nosotros. Esto no quiere decir que no haya que salir de la propia cultura para anunciar el evangelio y compartirlo con otros pueblos. El movimiento misionero no puede detenerse, un movimiento de doble dirección sin el cual no se puede entender la misma historia de la Iglesia.
La Iglesia siente el gozo de la misión al comunicar a todas las personas el amor inagotable del Padre que se manifiesta en la historia por medio de su Hijo y del Espíritu. La Iglesia nace de la convocatoria del Hijo y del aliento del Espíritu, de ahí que se descubra como esencialmente misionera.
El misionero sueña con una Iglesia más misionera y le gustaría ver a su iglesia, en este caso la española, más en diálogo con este mundo y más dispuesta a ponerse en estado de misión. Sólo la misión regala futuro a la Iglesia, le trae aliento y frescura.