Profecía y Misión

“Incendiados”
por Dios

Dolores Aleixandre *

La relación de los Profetas con Dios no fue el resultado de una búsqueda teórica, de un tantear en la oscuridad de las alternativas: Dios les "quemaba" y era para ellos irresistiblemente real y presente. Vivían como testigos, impresionados por las palabras de Dios, más bien que como exploradores comprometidos en un esfuerzo para averiguar su naturaleza.

Publicado el 01 de enero de 2008

Sus modos de hablar no aludían a conceptos atemporales desprendidos del ser de Dios: revelaron actitudes de Dios y no conceptos sobre Dios. No trataron de ofrecer pruebas de su existencia: fueron sus testigos. Para ellos lo que importaba no era pensar a Dios sino procurar estar presentes a Él. No trataron nunca de definirle sino de invocarle porque Dios no es un concepto, sino un Nombre.

La fe de los profetas no significa una doctrina concebida o aprendida por ellos. Se refiere a ese Dios con quien ellos vivieron íntimamente comprometidos, en un compromiso que abarcó su vida entera y que trascendió al dominio del pensamiento.

Vivieron en su carne lo que dirá después Maimónides, un filósofo y místico judío: “Es algo sabido y evidente que el amor de Dios no puede tener raíces profundas en el corazón humano si no le ocupa constantemente la mente, de tal manera que nada en el mundo le importe más que ese amor”.

¿Cómo "reincendiar" nuestra vida para que no se convierta en una tibia costumbre y en una aburrida repetición de viejos saberes y decires?


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