Entre la Paz y la Tolerancia
Publicado el 01 de enero
de 2006
P. Bernardo Baldeón
Comenzábamos este mes de enero celebrado la Jornada Mundial de Oración por la Paz. El día 30 celebraremos la Jornada de la Tolerancia.
Nos gustaría que en la revista no apareciesen artículos como algunos que encontrarás en este número: “El campo de batalla más alto del mundo” o “Las guerras mienten”. Desgraciadamente Paz y Tolerancia están aún lejos una de otra.
Salvo grupos radicalizados, y condenables, todos estamos a favor de la Paz. No faltará quien afirme que ese deseo de paz nace del deseo de vivir con comodidad, sin que nadie me moleste, y pueda hacer mi vida tranquilamente. Lo podrán justificar mostrando cómo la violencia de personas, grupos o pueblos nace ante la opresión que pone en serio peligro su supervivencia y no les queda otra salida que reaccionar de forma violenta.
Pero también es cierto que el deseo de paz nace igualmente de lo más profundo del corazón del hombre. Que está inscrito en el “código de barras” de nuestra identidad como personas humanas.
A decir verdad, hay situaciones de injusticia ejercidas sobre personas y grupos que han llegado a borronear ese “código de barras” provocando reacciones agresivas.
La realidad que vivimos las personas es, frecuentemente, demasiado ambigua como para hacer afirmaciones absolutas.
Aunque uno sea por naturaleza pacífico, todos, en algún momento, nos encontramos en situaciones extremas y ni nosotros mismos somos capaces de saber cómo vamos a reaccionar.
Posiblemente esa sea una de las razones por las que “paz” y “tolerancia” deban encontrarse.
Entre las definiciones que la Academia de la Lengua da a la palabra tolerancia, está ésta: “respeto o consideración hacia las opiniones o prácticas de los demás, aunque sean diferentes a las nuestras”.
Ser tolerantes supone, por tanto, no considerarnos dueños de la verdad, no intentar imponerla a los otros, no considerarnos el ombligo del mundo, reconocer y respetar el valor y la riqueza de quienes piensan o actúan de forma distinta a la nuestra, aprender a enriquecernos en el diálogo sincero con quienes son distintos.
La tolerancia tiene también sus límites… esos límites pasan por la violencia irracional y los fundamentalismos. Y ambos límites son formas de falta de “respeto o consideración hacia las opiniones o prácticas de los demás”.
El lema de la Jornada de Oración por la Paz este año era: “En la verdad, la paz”. Hemos de tener cuidado para no identificar “nuestra” verdad con “la” verdad.
Los apóstoles aprendieron a descubrir la verdad a través de la tolerancia. Nos dice el evangelio de Lucas: “Jesús se afirmó en su voluntad de subir a Jerusalén, y envió mensajeros delante de sí, que fueron y entraron en un pueblo de samaritanos para prepararle posada; pro no le recibieron porque tenía intención de ir a Jerusalén. Al verlo sus discípulos Santiago y Juan dijeron: Señor, ¿quieres que digamos que baje fuego del cielo y los consuma? Pero volviéndose, les reprendió severamente, y se fueron a otro pueblo” (9, 51-56).
No caigamos en el mismo error, no volvamos a utilizar el fuego, y hagamos que la paz y la tolerancia se encuentren.