De la indignación a la participación
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“Dormíamos, despertamos”, se expresa en una de las pancartas que marchaban por las calles en la manifestación global del pasado 15 de octubre. Antes vivíamos la participación social con nostalgia; era una aspiración. Tras el 15-M, con todas sus limitaciones, la participación social ha remoralizado un espacio público que progresivamente ha sido secuestrado por los poderes públicos a base de medidas que miraban a los mercados, olvidando a la gente, y sumergiendo a ésta en el coto privado de nuestras casas y nuestras cosas. La participación social ha acampado en el espacio público despertando energías creativas y transformadoras.
“Pensamos, luego molestamos” leíamos en otra pancarta. Más que llenar calles, al poder le asusta que la gente hable, discuta, piense en alto, se atreva a lanzar propuestas. Y es que la participación es una actividad práctica y reflexiva, al mismo tiempo. Las asambleas y la facilidad para comunicar información y noticias a través de la red ponen nerviosos a los propietarios del sistema. Vivimos en la dictadura de la pseudoparticipación mediática que nos utiliza para comprobar si el famoso de turno crees que se va separar o no, y vota y date por contento. Qué pena.
Caminamos sin imágenes y por eso es absolutamente necesario dotar a la acción de pensamiento propio para salir del letargo de la queja y ubicarnos en un proceso que debe simultanear la vivencia del instante y la globalidad, utilizando adecuadamente el gran poder de la red, al mismo tiempo que la vivencia del “llegar a ser”, del proceso lento, del aprendizaje colectivo que reclama diálogo, pasos lentos y progresivos, lecciones aprendidas. El proceso debe aunar con sabiduría los momentos de movilización, con los de coordinación y los de negociación. A todo estaremos obligados en un momento donde la política se teje como la organización de las interdependencias.
Pero, con todo, estamos de enhorabuena. “Cuando los utópicos salgan del prólogo…” reclamaba hace años Daniel Viglietti. En esas, afortunadamente, estamos. Es el paso de suspirar por la utopía a convertirla en inestimable compañera de camino. ¿No nos suena esto mismo a una forma de vivir la Navidad?
*Filósofo. Experto en Voluntariado
de Organizaciones Sociales.
Director de publicaciones de PPC.
02/12/2011
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