Ser madre en áfrica: un desafío a la esperanza

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Cuando se plantearon los Objetivos del Milenio en la Naciones Unidas, el quinto decía: “Mejorar la salud materna”, marcando como primera meta: reducir en un 75% la tasa de mortalidad materna entre 1990 y 2015.
Se señalaban como motivos el que:
• Muchas muertes maternas podrían evitarse.
• El alumbramiento es especialmente arriesgado en el sur de Asia y en África subsahariana, donde la mayoría de las mujeres paren sin atención sanitaria apropiada.
• La brecha entre las áreas rurales y urbanas en cuanto a la atención adecuada durante el parto se ha reducido.
Es difícil hacer una evaluación de lo logrado en este tema. Son más concretos los datos que tenemos sobre la mortalidad infantil. Hacer estadísticas fiables es complicado. Un dato cierto del que disponemos: entre 1900 y 2008 la mortalidad infantil en África subsahariana, si bien disminuyó en términos porcentuales, aumentó de 4 millones de niños menores de 5 años muertos en 1990 a 4 millones y medio de 2008.
Dar a luz un hijo en África sigue siendo una tarea de alto riesgo para la madre.

 

 

He pasado unos meses en España.
Oportunidad para reencontrarme con muchos amigos. Y, por supuesto, la conversación siempre degeneraba en lamentos y críticas al momento actual y su alarmante crisis.

 

“Y en África ¿qué, bien?” Era la pregunta de rigor que me repiten por todas partes. Pues en África, y más en concreto en Tanzania, de bien nada. Allí la ”crisis” dura desde la independencia, cuyos 50 años estamos celebrando este año en Tanzania. Y me atrevería a decir que la crisis venía ya de antes.

 

Algunos, más insistentes, proseguían: “Claro, es que tenéis una población excesiva. Las mujeres tienen demasiados hijos…” Pues sí, es verdad, los tienen porque en muchas zonas saben que la mitad no van a llegar a la edad de cinco años”.

 

El drama de la esterilidad
Me viene a la memoria Delfina, es una señora de mi parroquia de Sadani a la que voy a visitar a menudo porque está enferma y está casi en los noventa años. Me dice que de los quince hijos que trajo al mundo ocho se murieron en edad temprana. Y me lo dice con un tono de resignación, como algo natural. “Es que sabe usted, Padre, en aquella época necesitábamos muchas manos y brazos para labrar la tierra, nuestra única fuente de subsistencia. Además, los hijos son un regalo de Mwenyezi Mungu (de Dios Todopoderoso)”.

 

Para la mujer africana no hay mayor desgracia que la esterilidad. El no poder tener descendencia es considerado negativamente por la sociedad e incluso, para muchos, un castigo divino.

 

Cómo no recordar las tardes africanas. Las primeras horas de la noche en África se convierten en el tiempo más propicio para la vida social. Nadie quiere estar solo. ¿Solo? Es una desgracia, ¡una condena! Los niños no se acuestan más temprano que los mayores. Se entra en la región del sueño juntos: toda la familia, todo el clan, toda la aldea. Y cómo se podrían vivir estos momentos mágicos sin la aportación de las mujeres, de su coraje ante el hecho de la existencia, de su valor para crear vida sin cálculos egoístas.

 

La cultura Bantú frente a la cultura del Faraón
En la cultura Bantú existe la creencia de que el hombre se compone de dos elementos. La sangre, que hereda de su madre, y el espíritu que le lega su padre.

 

La sangre es el más fuerte de estos elementos y por esto el niño pertenece a la madre y al clan de ésta, y no al padre. Si el clan de la madre le ordena abandonar al marido y regresar a la aldea natal, ella se lleva a todos los hijos. La posibilidad de volver con su clan hace que la mujer, si el marido la abandona, tenga donde refugiarse.

 

Pues bien, escuchando las palabras de Delfina mi mente se trasladaba a España, donde los hijos hoy se les siente casi como una carga más que como un don de Dios.

 

Ante tal visión de la vida ¿qué cabe? Pues la solución más fácil: reducir el número de nacimientos con un férreo control de natalidad. Porque, claro, hay demasiadas bocas que nutrir…y no podemos nosotros los “ricos” del Norte estar “manteniendo” siempre a este continente pobre y numeroso.

 

¡Qué curioso, hace varios miles de años, allá en Egipto se le ocurrió la misma idea al jefe de aquel país, el Faraón! Y decretó: “Estos israelitas son una amenaza para nuestro pueblo, se están haciendo demasiado numerosos. Mejor que a los niños varones que nazcan se les tire al rio Nilo. De este modo solucionamos el problema” (Ex. 1, 15-22).

 

Los hijos y la esperanza

Felichina es una buena mujer de mi parroquia que además se ha ofrecido para trabajar como catequista, un buen día me dice: “Padre, los hijos son nuestra riqueza y la esperanza para nuestro futuro tan incierto. Cómo es posible que en Europa donde todos sois cristianos (se cree ella) tengáis tan pocos hijos, ¿es que no queréis a los niños?”.
Me quedo sin respuesta. La única que me viene a la cabeza sería decirle: “Felichina, es que nos hemos hecho muy egoístas y queremos vivir sin “molestias”… ¡cuánto tenemos que aprender de ti Felichina! Quizá tengamos que fiarnos un poco mas de ese Mungu en el que creéis como Fuente de la Vida”. Prefiero guardar un respetuoso silencio, aunque me embargue una profunda sensación de vergüenza.

 

Potenciar el papel de la mujer en África
Podríamos terminar esta reflexión, sin querer por ello minusvalorar la figura del hombre, diciendo que la mujer africana es el eje de la economía de estos pueblos del continente africano. Ella es agente de desarrollo con su esfuerzo e intrepidez y soporte de la vida familiar con su sacrificio y entrega.

 

De ahí que en mi misión de Sadani, hayamos elegido como una de las prioridades de nuestra labor evangelizadora la educación-formación de las mujeres, a través de la WAWATA (Unión de Mujeres Católicas de Tanzania). Nuestra convicción es que la mujer-madre-esposa africana bien formada se convierte en agente de progreso y evangelizador. Ella, en definitiva, será la verdadera educadora de su familia y la regeneradora de la Vida que valientemente transmitió a sus hijos. Por eso luchamos para que la mujer sea cada vez más respetada, escuchada, valorada dentro de su familia y su comunidad. Que su opinión sea tenida en cuenta.

 

Por la mujer, por sus opciones frente a la vida pasa gran parte de la esperanza de muchos pueblos africanos de construir un futuro mejor para toda la comunidad.

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P. Daniel Ruiz Calvo
01/12/2011