Etiopía

Preguntas sobre el trabajo misionero

 

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Pasó tres meses en España. Álvaro venía de Etiopía, tras tres años de trabajo con el pueblo Oromo, para descansar, hacer las revisiones médicas necesarias y visitar a los amigos y colaboradores que le acompañan en su misión.
Respetamos su tiempo. Dos días antes de su regreso a Etiopía le pedimos que escriba algo para Antena Misionera, o si prefiere le haríamos una entrevista.
Nos sorprende con su respuesta: “En muchos sitios donde he estado me han hecho las mismas preguntas. Si queréis recojo algunas de esas preguntas y mi respuesta. Si alguien quiere hacerme nuevas preguntas os dejo al final mi correo electrónico y me comprometo a responder, siempre que tenga acceso a Internet… cosa que a veces no es fácil”.
Sin dudarlo, aceptamos su propuesta.

 


 

Ya se me han pasado las vacaciones y vuelvo a Etiopía. Me he encontrado con muchas personas interesadas en la vida del misionero y me han dirigido todo tipo de preguntas. Esta es la razón que me lleva a compartir con los amigos de Antena Misionera estas preguntas que me han hecho y las pequeñas respuestas que puedo dar.

 

Pregunta: Ahora ser misionero es como trabajar en una ONG ¿Verdad?
Lo principal es que comprendamos desde el principio que al misionero, para ser tal, lo mueve la Fe en Dios y la confianza de que Dios hará que su dedicación dé fruto. El fruto será variado: consuelo para los enfermos, ayuda a los ancianos, refugio a los huérfanos, educación, paz, etc. El misionero tiene una amplitud en su campo de acción que no se limita al progreso material, y tiene una perspectiva del tiempo muy diferente de la que estamos acostumbrados. Sabe que un salto de calidad en la vida no se produce solo por el dinero. Sabe que el tiempo de una vida no basta para ver un cambio, de ahí que su esperanza sea siempre la ayuda de Dios. Con tanta crítica, tantos expertos, tanta solidaridad, tanta falta de apoyo, tanta ayuda al desarrollo sin criterio, el misionero se encuentra comparado con algo que no es.

 

Sin la fe profunda y el abandono en Dios no hay misionero. Se hace cuesta arriba vivir sin tu cultura, tu lengua, tu comida. A mí no me enganchó África sino la esperanza del Evangelio.

 

Pregunta: ¿Es verdad eso que nos enseñan por la tele de que muere la gente por allí?
Es verdad. Sin embargo el país es muy grande y esta vez yo estoy en otro sitio. Los afectados, unos quince millones, pertenecen a tres países, Kenia, Somalia y Etiopía. Solo Etiopía tiene ochenta millones de habitantes. Es obvio que no toda Etiopía está sufriendo esta catástrofe.
Yo trabajo en una zona en la que no hay campos de refugiados, ni hambruna. Se sienten algunos efectos, como la subida de los alimentos a precios increíbles y la dificultad de encontrarlos. Las lluvias disminuyen sin llegar a pertinaz sequía como en otros lugares, y los animales sufren las consecuencias. A veces se da el fenómeno de que todo está verde pero hay escasez, esto se debe a que la lluvia falló en la anterior estación y desaparece una cosecha para mantenerse hasta que llegue la siguiente. A eso lo llaman el hambre verde.

 

Pregunta: ¿Cómo os recibe la gente con la que trabajáis?
Cada grupo humano tiene su identidad, que la muestra en su cultura. El vivir, comprender y amar esa cultura (o lo contrario) hace que la gente te aprecie o te rechace. Te tratan como les trates. Si eres paternalista y haces tú todo y pagas tú todo, como si ellos no fueran capaces de nada, creerán que eres tonto. Si pretendes hacer todo con mentalidad europea te enseñarán algunas lecciones de humildad y humanidad. Ellos te pondrán en el lugar en que tú pidas a gritos que te pongan.

 

Pregunta: A mí me gustaría ir por un tiempo pero el idioma y costumbres me tiran para atrás. Si vas allí para ayudar ¿Eso de la cultura es necesario?
El misionero tiene claro que lo primero es entrar en ese edificio que llamamos cultura. Ese edificio tiene puerta y ventanas. Nadie te impide entrar pero se necesita una llave: la lengua para comunicarte. No te comunicas con el idioma sino con los sentimientos que llevan esas palabras y tocan sus necesidades reales. Aquí en España decimos que hace mal tiempo cuando llueve porque pensamos en la playa, en la hostelería, en las colas de tráfico. La lluvia nos molesta. La lluvia no está en nuestras bendiciones, si es que bendecimos. Aquí nos encontramos con los demás y decimos: Vamos al grano…y eso ¿cuánto me cuesta?
Yo voy al grano allí diciendo: Dios nos dé Paz a todos, paz a nuestras familias, honor a nuestras mujeres, salud a los enfermos. Dios nos llueva despacio, que crezca la hierba, que los animales domésticos se multipliquen, que abunde el grano.

 

Si yo hablo así, me acogen. Saben que no soy tonto aunque pronuncie mal. Saben que los escucharé, que soy serio. Contarán conmigo y nos ayudaremos mutuamente.

Pregunta: Para eso se necesita tiempo ¿verdad?

 

Sí. Es un tiempo difícil. Es el tiempo de la tentación: ¿Merece la pena?
La respuesta es: Sí.
Es un tiempo de perseverancia. Es el tiempo también del triunfo.
Bueno, ya empezamos a balbucear, tenemos una de tantas llaves para entrar. Una vez dentro nos asomamos a las ventanas, miramos en torno y todo es horizonte, incluso lo más cercano. Todo está por descubrir: costumbres, vida social, comida, muerte, matrimonios, litigios, música, dios, espíritus…

 

Pregunta: Perdona, dinos algo de la comida primero. ¿Es buena?
Toda comida es buena. El problema está en cómo lo llevas, si te gusta o no te gusta. El ejemplo del huevo nos enseña mucho. Es bueno pero hay gente que no lo aguanta con la clara encima y a otros les encanta crudo.

 

Los alimentos allí son todo naturales: cereales, maíz, patatas, pollos, huevos, carne, miel, derivados de la leche, mantequilla, queso fresco, poca verdura y mucha legumbre… y como en todos sitios cuecen habas… habrá quien pueda comer toda la variedad y otros no. Habrá quien pueda comer tres veces al día y otros no, habrá épocas en que se encuentra de casi todo y otras no. Como verás el problema no está en la comida. Hay elementos imprescindibles: el picante es omnipresente.

 

En las fiestas hay abundancia y para los huéspedes hacen sacrificios enormes. El huésped es bendición.

 

Pregunta ¿Cómo cambia tu vida, o qué diferencia ves cuando has entrado en su cultura?
Al principio eres el foco de todas las miradas, todo gira en torno a ti, te estudian y observan. Luego se crea la comunicación, el diálogo verdadero. Te vuelves invisible y eres uno de ellos. Participas en sus vidas y en sus funerales. En sus alegrías y en sus penas. Te aconsejan y te piden consejo. No te ignoran. Te creas amigos y adversarios… la vida cobra sentido.

 

Llega el gran momento de relacionarte y te sientes y eres persona con ellos.

 

Es entonces cuando hablar de Dios y de las creencias sale espontáneo. En el intercambio hay un motor de crecimiento personal y es posible que tu fe les guste, porque les abre horizontes, les da más sentido a su vida. Entonces se puede pasar a la acción con garantías.

 

Surgirán proyectos para el crecimiento de la comunidad local: escuelas, capillas, alfabetización, desarrollo económico… El misionero sirve de mediador cultural y anima a los de aquí a participar y a dialogar con el mundo.

 

Pregunta: ¿Cómo es tu misión? ¿Ahora mismo qué actividades importantes hay en ella?
La misión está en una colina mirando a un lago. Está en un pueblo que está creciendo porque hay mercado, escuelas, hospital y oficinas del gobierno. Confluye mucha gente del campo. Hay malas comunicaciones, no hay ningún tipo de industria o fábricas. Casi en su totalidad, la población pertenece a la etnia Oromo que fue la que se aposentó en los territorios altos, pues eran pastores.

 

La altitud de la misión es de 2.630 metros sobre el nivel del mar. Es muy bonita la visión de los alrededores. En ese lugar hay una capilla, dos casas una para las hermanas de la Consolata y otra para nosotros, otro edificio que sirve de centro para actividades y cursos a las mujeres de la zona, y una guardería para doscientos cuarenta niños y niñas.

 

Éste es el centro por así decir, luego salimos del pueblo y a unos 9 km al oeste hay otra capilla y un local en donde se siguen cursos muy útiles para las mujeres de la zona. Allí mismo hay un molino que gestionan unas cuarenta mujeres bajo la dirección del programa de las misioneras. Más hacia el este y después de caminar una hora y media la población nos ha invitado a levantar otro salón que sirva para extender las actividades. Nos queda un cuarto lugar a 15 km pero no hay nada en construcción, estamos en los primeros contactos.

 

Pregunta: ¿Qué gobierno hay? ¿Os ponen pegas?
Etiopia es una República Federal. También hay elecciones. El idioma oficial es el amhárico y el inglés además de eso cada estado tiene el suyo oficial.

 

Para visitar como turista, o con miras comerciales se concede visado sin ninguna dificultad. La dificultad está en la concesión de residencia duradera. Nosotros obtenemos un permiso de trabajo, renovable cada año, si el trabajo es considerado útil a las necesidades que el gobierno expone en sus planes quinquenales. Nuestra presencia allí está ligada a trabajar en favor de los proyecto gubernamentales. Periódicamente entregamos relaciones al gobierno y ellos inspeccionan nuestras actividades.


 

Si os interesa más información mi e-mail es:
alvaro.palacios@consolata.net

02/12/2011