Esta Navidad pagaremos los
“platos rotos”

Publicado el 01 de diciembre 2009

J. Altavista

Estamos a las puertas de Navidad y en casa tendremos que reducir gastos respecto a otros años.

Hace un par de días, durante la cena, solté la frase: “Esta Navidad pagaremos los platos rotos”.

Uno de los críos saltó enseguida: “Papá, hace tiempo que no hemos roto ningún plato en casa”.

Me costó explicarle a qué me refería. Pero al final parece que entendió. No se si todo, pero al menos parte.

Empecé a hablarles de la crisis económica. Con facilidad entendieron las consecuencias ya que las viven día a día cuando piden ropa o calzado nuevo, o cuando piden algunas comidas que hace tiempo desaparecieron de la mesa.
Por fortuna lo han ido comprendiendo poco a poco. Lo que no entendían es qué tenía eso que ver con la Navidad o con platos rotos…

Ahí me tenía que meter a intentar explicarles las causas de la crisis; las consecuencias como las viven a diario son más fáciles de entender, aunque les cueste asumirlas.

Así que me puse a explicarles que durante años para estas fiestas disponíamos de una cierta cantidad de dinero que nos permitía un cierto nivel de regalos y un tipo de comidas. Hoy no disponemos de eso.
Antes podíamos “romper platos” ya que los reponíamos sin grandes problemas, gastábamos el dinero sin grandes preocupaciones, pero ahora tenemos que cuidar los platos viejos.

Mi hija, la mayor, no tardó en saltar: “Pero papá, eso lo hicieron los banqueros”. Ya ve los telediarios y empieza a razonar por su cuenta.
La verdad es que razón no le falta. Aunque a los banqueros habría que añadir a algunos empresarios, políticos y otros especímenes de nuestra vida económica, De entrada me deja sin respuesta.

Intento explicarle que nosotros también nos hemos aprovechado de una buena situación económica gastando quizás más de lo que podíamos.
No se calla. Me hace una especie de “inventario” de cómo vivimos en casa. Es difícil encontrar gastos que se salgan de “normal”.

El diálogo se me complica. Frases van y frases vienen. Al final me queda un último argumento y a él recurro, no como “salida de emergencia”, sino porque estoy convencido de ello.

Les planteo la diferencia entre nuestro nivel de vida y el de la mayoría de las personas del mundo que tienen que sobrevivir con 1 Euro o menos por día.
Se hace el silencio. Pienso si no habré tocado de forma inadecuada la fibra de su sensibilidad. Es un riesgo. Pero pienso que una sensibilidad que no se convierte en solidaridad corre el riesgo de convertirse en una auto-compasión destructiva.

Les recuerdo algunos regalos navideños que han durado poco o no han servido para nada. Eso forma parte de los “platos rotos”.

Poco a poco se va creando un clima de consenso. Éstas serán unas Navidades más austeras, pero como compensación serán unas Navidades más solidarias.

Ya veremos cómo lo conseguimos.

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