Pastoral y Voluntariado
Luis Aranguren Gonzalo *
Publicado el 01 de diciembre
2009
Tanto en España como en algunos países de América Latina con frecuencia he de realizar talleres y cursos sobre el voluntariado y sus posibilidades de realización con los “papeles en regla”, en el interior de la Iglesia. En efecto, pareciera que aún hubiera que pedir perdón por ser voluntarios en según qué contextos eclesiales donde al voluntariado se le ve sospechoso de portar en su seno el virus de la secularidad, de la sociedad civil o de la cultura relativista y posmoderna.
Ante quienes así piensan y actúan, ignoran que el voluntariado agrupado en organizaciones de Iglesia, comenzando por Cáritas, ha desarrollado una enorme y positiva influencia en el seno del voluntariado en todo el país y en los pueblos del Sur. No sería pensable el auge del voluntariado en España sin el protagonismo del voluntariado que nace en la Iglesia, muchas veces a pesar de la indiferencia y de un cierto temor protagonizado por los sectores de la jerarquía más proclives a confrontar el voluntariado católico con el voluntariado social. La vieja canción del divide, siembra sospechas y vencerás.
A mi modo de ver el voluntariado es una realidad transversal que atraviesa y permea cualquier institución; de algún modo nos topamos con una realidad cultural que se constituye hoy como una gran ecumene, como un entreveramiento ambital donde habitan personas que desde distintas motivaciones y experiencias previas se vinculan en una acción social organizada y en un itinerario formativo compartido.
Sin duda, el voluntariado puede ser una respuesta a la necesaria proyección social del laicado, donde se vincule la acción personal en forma de servicio a los empobrecidos con la necesaria transformación de estructuras injustas. No olvidemos que algunos documentos institucionales de nuestra Iglesia y sobre todo un mínimo análisis de la realidad, ya constatan que las parroquias actuales, con ser insustituibles se han tornado en insuficientes para hacerse cargo de la complejidad social y cultural de nuestro momento histórico. El voluntariado aglutina, por un lado una de las respuestas organizadas de servicio a los pobres y por otro lado representa una propuesta de convocatoria para tantos alejados y para otros tantos cristianos que no encuentran acomodo en lo que las parroquias les ofrecen en el interior de sus templos y locales parroquiales.
Es necesario dar pasos en la toma de decisiones en los ámbitos eclesiales no solo para dejar hacer, sino para impulsar decididamente la acción voluntaria tanto de cristianos como de otras personas de buena voluntad, y en especial para eliminar cualquier fuente de sospecha o de temor ante una realidad que, con sus limitaciones y excesos -que de todo hay- contribuye a generar credibilidad y confianza en el seno de nuestra sociedad, sedienta de signos creíbles de que la solidaridad se escribe día a día, con letra pequeña, de la mano de tantas personas voluntarias.
* Filósofo. Experto en Voluntariado.
Director de Ediciones de PPC