Un claro blanco de violencia y represión.

Kenia cambia de “patrón”

 

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A finales de 1963 Kenia consiguió la independencia de Gran Bretaña. Una independencia más formal que real. Desde entonces Kenia ha vivido sometida a
distintos “patrones” que han manejado la política y especialmente la economía del país. El último China con quien estableció relaciones diplomáticas en
febrero de 1964.

 

 

Tres etapas
La primera relación entre China y Kenia era de amistad y sospecha. En los años sesenta y setenta el primer presidente Jomo Kenyatta sospechaba de las intenciones políticas de China en Kenia, no se fiaba de su sistema político así que decidió aumentar la cooperación entre el nuevo estado (Kenia), y Estados Unidos, Gran Bretaña y otros países europeos antes que con la China.


El segundo presidente, Daniel Arap Moi también siguió las mismas huellas de su antecesor, fortaleciendo relaciones diplomáticas y bilaterales con Estados Unidos y los países europeos. Pero en los años noventa el gobierno de Moi instituyó el terror sistemático contra los opositores políticos y toleró ampliamente la corrupción en casi todos sectores públicos.
Los gobiernos occidentales como Gran Bretaña, Francia y Estados Unidos criticaron al gobierno de Moi hasta llegar a cortar el apoyo económico a su gobierno. Fue entonces cuando el gobierno de Moi empezó a fortalecer las relaciones diplomáticas con China que pasó por alto a estas realidades, no se interesó de confrontar al gobierno sobre el tema de los derechos humanos, ni tampoco criticó al gobierno sobre la tortura contra los opositores políticos. Lo que le interesaba al gobierno chino era proteger sus intereses y fortalecer sus relaciones económicas con Kenia.


El tercer presidente Mwai Kibaki cuando tomó el mando como presidente del país en 2002, no siguió las huellas de sus antecesores sino que continuó manteniendo las relaciones con países occidentales, pero como su prioridad fue mejorar la economía del país y crear el empleo para los jóvenes decidió colaborar más con China que con otros países occidentales. Los trabajos que antes hacían las empresas inglesas y estadounidenses cayeron en manos del gobierno Chino. Al ser un país libre de guerras, la situación política estable hizo de Kenia una base ideal para los empresarios chinos a fin de expandir sus negocios.

 

Puerta de entrada en África
China ya había empezado a considerar a Kenia como una puerta de entrada a la región de África oriental convirtiéndose en un elemento clave del comercio de China y su estrategia económica en África. La participación de China en numerosos proyectos de construcción de carreteras en Kenia confirma este hecho.


En la actualidad China ofrece préstamos en condiciones favorables a Kenia, construye hospitales y escuelas para las zonas menos desarrolladas, ha establecido los centros de prevención y control de la malaria y al mismo tiempo también envía expertos para preparar agentes locales. ¿Pero qué pasa con el tema de los derechos humanos?

 

Los derechos humanos en Kenia
Al gobierno Chino, al contrario que a los países occidentales y Estados Unidos no le interesa el tema de los derechos humanos. Por ejemplo, las denuncias de fraude electoral en las elecciones presidenciales desencadenó entre diciembre de 2007 y enero de 2008 por el partido de oposición (ODM) dos meses de violencia étnica que dejó 1.500 muertos y más de 300.000 desplazados de sus hogares.


Este dilema político se resolvió después de un acuerdo de paz acordado por el presidente Mwai Kibaki y su rival político Raila Odinga quien fue nombrado primer ministro.


El fiscal del Tribunal Penal Internacional (TPI), Luis Moreno Ocampo, después de una investigación y reuniendo pruebas confirmó que crímenes de lesa humanidad fueron cometidos en Kenia durante este tiempo de violencia. El fiscal citó como presuntos sospechosos de crímenes de lesa humanidad a seis personas: al vice primer ministro Uhuru Kenyatta, el secretario del gabinete Francis Muthaura, el ex jefe de policía Mohammed Hussein Ali, el ex ministro de Educación y potencial candidato a las elecciones presidenciales de 2012 William Ruto, el ex ministro de Industria Henry Kosgey y el locutor de radio Joshua Arap Sang.


Aunque los acusados dicen que son inocentes y reciben apoyo del gobierno actual que está haciendo de todo para protegerlos diciendo que si son juzgados por el tribunal penal internacional se puede provocar de nuevo la violencia en Kenia y prefiere que sean juzgados en los tribunales kenianos que todavía están en reformas.


La posición del gobierno no ha gustado para nada, no solo a las víctimas de violencia, sino a los kenianos mismos. La mayoría de los kenianos demandan la justicia por los crímenes cometidos.


La última encuesta de Synovate mostró que el 61% de los kenianos aceptan la posición del fiscal del TPI y quieren que los acusados sean juzgados en el tribunal penal internacional. El fiscal también advierte que solo rompiendo el ciclo de la impunidad ante crímenes de lesa humanidad como éstos, se allanará la ruta hacia unas nuevas elecciones pacíficas en Kenia en 2012.


La Unión Europea y Estados Unidos han apoyan la posición de la mayoría de los kenianos, oponiéndose a la posición del gobierno. Afirman que hay que romper con la cultura de la impunidad en Kenia. China, que no reconoce el Tribunal Penal Internacional, a través de su embajador en Kenia Liu Guangyuan, se opuso a la posición tomada por los países occidentales y Estados Unidos afirmando que sería una interferencia en los asuntos internos de Kenia.

 

Relaciones laborales y condiciones de trabajo de las empresas chinas en Kenia
Hasta hoy, hay más de 60 empresas chinas que operan en Kenia, de las cuales algunas son empresas mixtas con los kenianos. Las condiciones laborales en estas empresas han generado un debate entre los políticos, los sindicatos y los activistas del movimiento obrero. Las condiciones de trabajo impuestas por los chinos para crear empleo son un motivo de preocupación. La situación de los trabajadores es alarmante: son empresas antisindicales, hacen recortes arbitrarios de pago sin explicaciones, no hacen contratos de trabajo por escrito ni tampoco dan las prestaciones por maternidad. El trato deshumanizante que se impone a los trabajadores kenianos en esas empresas es una reminiscencia de las condiciones de un trabajo casi colonial. La salud de los trabajadores, su seguridad y dignidad están siendo violadas a pesar de la existencia de leyes laborales. Los empresarios chinos violan los derechos de los trabajadores con impunidad.


Uno de los casos investigado por Instituto de Estudios para el Desarrollo de la Universidad de Nairobi y publicado por African Economic Research Consortium en 2008 podría ser utilizado para justificar esta afirmación. Una empresa llamada China Blue Wave Group of Companies (BWGC) que produce bebidas, tenía 250 trabajadores, sin embargo, ninguno de ellos tenía un contrato escrito. Por tanto, ningún trabajador podía decir que hacía parte del personal de la empresa. Esta empresa también reducía el sueldo de sus trabajadores que pedía la licencia de maternidad y al mismo tiempo no aceptaba que sus trabajadores formaran parte de cualquier sindicato. En 2008 hubo una demanda por parte de los trabajadores para formar parte del sindicato y como resultado de esa petición todos los trabajadores perdieron sus puestos de trabajo.


El problema es que esta realidad se propaga en las empresas chinas porque aunque el gobierno tenga buenas leyes para defender el derecho de los trabajadores, los empresarios chinos se aprovechan sobornando a los corruptos inspectores del Ministerio de Trabajo, que se supone deben velar por todas las leyes y reglamentos. Los funcionarios sobornados siempre emiten un certificado confirmando que esas empresas respetan las leyes. Y como el gobierno keniano no ha puesto en marcha mecanismos para la inspección de estas fábricas, la situación de los trabajadores es de indefensión. Esto ha permitido que los empresarios chinos continúen explotando a los trabajadores kenianos con total impunidad.

 

Ventajas a un precio inaceptable
Aunque nadie ha negado que las inversiones chinas han contribuido a un cierto nivel de empleo en Kenia, muchos se han preguntado y siguen preguntándose si los empleos creados son decentes


No cabe duda que la relación bilateral entre Kenia y China está dando sus frutos por ejemplo: la participación de China en numerosos proyectos de construcción de carreteras en Kenia confirma este hecho. A ello hay que sumar las ayudas financieras, o en el ámbito de la salud y la educación. Así como la preparación de personal local como expertos en distintas áreas.
A pesar de estos proyectos que son importantes para los kenianos, ¿se puede cerrar los ojos ante las condiciones deshumanizantes de trabajo en las empresas chinas en Kenia? ¿Cabe hoy que el gobierno keniano tolere condiciones indignas en empresas chinas con el pretexto de crear empleo para sus ciudadanos?


Son muchos los que se preguntan ¿cuál será el futuro de China en Kenia y otros países africanos?

No pretendo a tener respuesta a estas preguntas. Es cierto que nadie puede sobre valorar el impacto económico de la China en Kenia y en otros países africanos. Pero al mismo tiempo creo que tocará a los kenianos mismos elegir su futuro. Les tocará a ellos mismos a elegir a los líderes que tengan el bien común de sus ciudadanos en su corazón y que no se dejan corromper por empresarios chinos. Líderes capaces de hacer que China obedezca no solo leyes locales e internacionales de los trabajadores en sus empresas sino también que respete los derechos humanos.


Como decía Pablo VI en la Populorum Progressio (20-21) “el verdadero desarrollo es el paso, para cada uno y todos, de condiciones de vida menos humanas a condiciones más humanas”. Ésta se realizará solo si los ciudadanos mismos elijen líderes con integridad moral que no se dejan corromper y al mismo tiempo sean capaces de luchar contra la corrupción y la impunidad.


 

George Kibeu

01/08/2011