¡LA ESPERANZA
DE LOS POBRES VIVE! (II)
Ramón Cazallas Serrano
En los artículos anteriores hablábamos de las situaciones a las que están sometidos los pobres, o los muchos pobres que existen por diversas causas. En ciertos momentos nos puede causar desesperanza porque no vemos las salidas y los fundamentos para poder construir la esperanza de un mundo mejor. Todo lo contrario, como cristianos y como misioneros tenemos motivos de sobra para reconstruir la esperanza en los pobres, en ciertos pueblos y situaciones. Jesús en su vida y con su Evangelio, los mismos pobres y, tantos hombres y mujeres de la historia, nos animan y estimulan para que la esperanza de los pobres viva.
Publicado el 01 de abril 2009
Jesús, esperanza para los pobres
Al principio de su ministerio Jesús se presentó en su ciudad, Nazaret, y en la misma sinagoga nos presenta lo que hoy llamaríamos “su proyecto pastoral”. Cita al Profeta Isaías: “El Espíritu del Señor está sobre mí, porque me ha ungido para anunciar a los pobres la Buena Nueva, me ha enviado a proclamar la liberación a los cautivos y la vista a los ciegos, para dar libertad a los oprimidos y proclamar un año de gracia del Señor” (Lc 4, 18-19).
En este proyecto de Jesús deberíamos subrayar: anunciar a los pobres la buena noticia, proclamar la liberación a los cautivos, dar la libertad a los oprimidos.
Os aseguro, por mi propia experiencia, que cuando estas palabras eran proclamadas en las comunidades de pobres campesinos, sus ojos se deslumbraban, sus rostros se transformaban y el corazón se calentaba para seguir luchando, en nombre de Jesús, por sus derechos a la tierra y al agua de la que carecían.
Antes, el mismo evangelista nos pone en los labios de María el canto más hermoso que los pobres pueden entonar en sus vidas. Diríamos que es un canto revolucionario, donde una pobre mujer, María, mirando para la historia de Israel, constata las maravillas que Dios ha realizado en el pasado y continúa haciendo en el presente, cuando ella, pobre mujer, ha sido escogida para ser Madre del Redentor: “…Él hace proezas con su brazo: dispersa a los soberbios de corazón, derriba de trono a los poderosos y enaltece a los humildes, a los hambrientos los colma de bienes, y a los ricos los despide vacíos…” (Lc 1,51-53).
Comentando este texto, el teólogo González Carvajal subraya: “Son palabras -dijo González Faus - “que tacharía el lápiz rojo de cualquier censor”. De hecho, Maurras felicitó a la Iglesia sin pizca de ironía por haber transmitido el Magnificat en latín, para que el pueblo no pudiera entenderlo, y con música gregoriana para atenuar su veneno” (Cfr. Luis González-Carvajal: El clamor de los excluidos. Sal Terrae, 2009).
Otro texto que nos abre los ojos sobre la práctica de Jesús es cuando Juan el Bautista, que está en prisión, mandos dos discípulos a preguntar a Jesús si es el que ha de venir o tienen que esperar a otro. Después de hacer varios milagros entre los pobres delante a los discípulos de Juan, Jesús les dice: “Id y contad a Juan lo que habéis visto y oído: los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos quedan limpios, los sordos oyen…y se anuncia a los pobres la Buena Nueva” (Lc 7, 22).
Creo que sobran estos textos para ver quiénes son los destinatarios de la actividad salvadora de Jesús. Si en los tiempos de Jesús los pobres saltaban de alegría, su corazón se llenaba de esperanza y empezaban a vivir de “otra manera”, lo mismo pasa hoy cuando el evangelio es proclamado entre los pobres. He escuchado expresiones como éstas: “Dios es más”, “Jesús está con nosotros”, “el rico sin Dios es nada, los pobres con Dios son todo”, “somos pobres de bienes pero ricos de Dios”. Todo esto puede sonar a espiritualismo, creo que no, hace parte de la fe del pobre y de una espiritualidad muy profunda que los lleva a compromisos concretos, no sólo para vivir la fe sino a adquirir compromisos concretos que van transformando sus vidas para un compromiso social hasta producir mártires. He tenido que presidir funerales de animadores de comunidades o catequistas de donde los participantes, siempre numerosos, salían más animados para seguir luchando. Al final de todo para ellos “Dios es más”. Se realizaba lo que Tertuliano escribía en los primeros tiempos de la Iglesia: “la sangre de los mártires es semilla de nuevos cristianos.
La actividad de Jesús esperanza para los últimos
Someramente vemos algunos momentos de la actividad de Jesús. No se trata de hacer un estudio exhaustivo de sus hechos sino sólo algunos donde Jesús da sentido a la vida de muchas personas, sobre todo, incluye a las personas que antes estaban fuera de las fronteras, no sólo sociales sino religiosas. Pensemos en la curación de la hija de una sirofenicia (pagana). La encontramos en Mc 7, 24-30. Una mujer, extranjera de país y religión va a Jesús para pedirle la curación de su hija que está endemoniada. Jesús le responde a su pedido: “Espera que primeros se sacien los hijos (israelitas), pues no está bien tomar el pan de los hijos y echárselo a los perritos”. Pero ella le respondió: “Sí, Señor. Pero también los perritos comen bajo la mesa migajas de los niños” Mc 7, 27-29).
Una mujer, que vive fuera de las fronteras de Israel, con otra religión encuentra su razón de vivir con la curación de su hija. Comentan algunos autores que esta mujer cambiaría el rumbo y la misión de Jesús. Seguiría haciendo milagros en aquellas tierras y provocaría la segunda multiplicación de los panes en tierra de paganos como nos narra Marcos un poco más delante de ese pasaje evangélico.
Cuando una persona se encuentra entre la vida y la muerte puede acercarse de muchas maneras a personas que puedan solucionar su situación. Los cristianos, sobre todo los pobres, cuando descubren el evangelio de Jesús, recuperan la esperanza que han perdido con tantas promesas de los diferentes poderes que les han llenado de promesas.