Esclavitud en África
P. Bernardo Baldeón
Publicado el 01 de abril 2009
A mitad del siglo pasado buena parte del África subsahariana consiguió su independencia política. Pero hoy, la mayoría de los países de la zona siguen sometidos a la esclavitud económica, comercial y alimentaria.
Se creó un modelo de independencia a medida de los antiguos países colonizadores. Éstos mantienen en sus manos, salvo escasas excepciones, los sistemas económicos, la decisión sobre qué deben producir las antiguas colonias, la propiedad de los más importantes recursos naturales y los sistemas de comercialización mundial.
El neo colonialismo económico (con el apoyo a regímenes políticos corruptos), el fenómeno de la globalización y, más recientemente, la crisis económica mundial son los mecanismos que han mantenido un sistema de dependencia de África frente a los países coloniales.
Rara vez los pueblos africanos han podido decidir qué tipo de desarrollo quieren para sus naciones, qué es lo que quieren y les interesa producir y siempre han encontrado cerradas las puertas al comercio internacional.
Es un sistema pensado a favor de los países ricos y con consecuencias homicidas hacia los países africanos.
Son muchos los intereses que impiden a los países africanos decidir por ellos mismos su futuro. Abolimos la esclavitud en su sentido clásico, les dimos una autonomía controlada en el campo político, pero para mantener nuestro nivel de vida, les impusimos una esclavitud alimentaria y comercial, a la que no podemos dejar de calificar como homicida ya que condena a la muerte a millones de personas.
Es cierto que en África existen demasiados gobiernos corruptos, jefes de Estado que mantienen un nivel de vida a costa de la miseria de sus pueblos, miles de funcionarios que se enriquecen a través de la coima. Sólo por citar algunos podríamos hablar de Zimbabue, Zaire, Guinea Ecuatorial, Sudán… y la lista sería larga.
La pregunta es ¿quién hace que se mantenga esa situación? Y ahí tendríamos que empezar a nombrar países de la Unión Europea como Bélgica, Francia, Reino Unido o Italia… añadir a Estados Unidos y últimamente a China.
El primer paso hacia solución sería permitir a los países africanos que sean ellos quienes decidan su futuro. Que lo hagan teniendo en cuenta su compleja realidad social, sus posibilidades, su rica tradición cultural.
El segundo, que los países ricos les abrieran el sistema de comercio internacional en condiciones de equidad.
Podrán equivocarse muchas veces. Pero ¿quién soy yo, europeo, para decidir cómo debe desarrollarse el continente africano? Más aún visto el fracaso de nuestro sistema de desarrollo económico.
Desgraciadamente no son tiempos propicios para fomentar la libertad de África. La crisis financiera y económica de nuestros países recomienda apretar más los grilletes de la esclavitud africana. Las materias primas que pueden producir y a nosotros nos interesan, y conseguidas al menor precio, forman parte de la estrategia para salir del pozo donde nos encontramos.
Si para ello hay que mantener regímenes políticos que violan sistemáticamente los derechos humanos, no importa. Siempre podremos culparlos a ellos.