Etiopía

Acompañando
el camino del pueblo Oromo

P. Álvaro Palacios

Publicado el 01 de abril 2009

Hace unos meses pasó por España el P. Álvaro Palacios. Tras tres nuevos años de trabajo en Etiopía vino para unas merecidas vacaciones. Antes de volver nos dejó algunas impresiones de su nuevo trabajo.


Actualmente estoy trabajando entre los Oromo. Un pueblo donde donde los misioneros de la Consolata nos hicimos presentes en 1913 y donde hace poco hemos vuelto. Es un ambiente que no me era tan familiar: un montón de novedades, además de la lengua, novedades culturales y también una situación geográfica de muy poco contacto, una especie de isla cultural y geográfica en relación con el resto del país.

Allí hemos abierto un centro en un ciudad pequeña que se llama Sambo. La población es uniforme a diferencia de otros lugares donde hay mezcla de poblaciones. Esto te ayuda bastante. Te marca un objetivo muy claro. Un idioma, el Oromo, una cultura, la Oromo, y una homogeneidad también desde el punto de vista humano, social y político.

La situación económica, aunque es precaria, en esta zona la gente está bien alimentada hay agua, hay precipitaciones en abundancia, tienen ganadería y hay una agricultura de supervivencia, Con un pequeño excedente que se puede llevar al mercado.

Uno se siente también como una persona útil y no simplemente como el que va allí a dar dinero, alimentos, medicinas… No se llega a crear una dependencia material. Lo que la gente está esperando de mí es el seguimiento humano y espiritual sobretodo. De ahí la importancia de la visita a las casas aisladas. Gran parte de mi tiempo en la semana consiste en salir a recorrer las casas de los que pertenecen a la iglesia. El centro lo tenemos en la ciudad, donde tenemos una capilla. Habrá unos 700 católicos e infinidad de simpatizantes.

Un caso concreto de intervención directa, es una mujer que tuvo tres hijos y pedía que nos encargásemos de buscar a alguien y se llevase un niño o dos de los suyos porque ella no podía hacer frente, aunque luego hablando con ellos, realmente lo hacían porque no veían otra solución. A través de bienhechores conseguimos que la familia, se comprara una vaca, que queda como propiedad de la Iglesia, aunque el fruto, las terneras y la leche es para usufructo de los niños y luego se le da un plus en dinero a la madre para que pueda comprar comida ella misma. Así se logra una manera de ayudar que no crea dependencia.

El tipo de trabajo que estoy haciendo en conjunto con el equipo de las hermanas es por una parte de tipo social en la promoción de iniciativas para que las mujeres tengan una educación integral, no solamente coser, o hacer cestas, sino también de alfabetización y luego hay una serie de cursos a los que se pueden apuntar. Estos cursos duran 3 meses, en los que se da cocina, costura, pero también hay educación académica, escribir, matemáticas, llevar las cuentas de una casa, de los gastos y tenemos también una cooperativa de 42 mujeres que gestionan un molino. Este tipo de cosas las independiza mucho y es un gran servicio a la zona donde están.

También existe una escuelita para niños pequeños o jardín de infancia en el que se recogen y se ayuda a niños que no pueden pagar.

Desde el punto de vista de la iglesia, el trabajo se centra en intentar liberar de las supersticiones, del miedo, de los encantamientos, del mal de ojo. Se trata de promocionar a la persona, es decir, que poco a poco la persona sea cada vez, más persona. Etiopía tiene un alto sentido religioso. En la charla diaria está Dios presente y entonces la proclamación del evangelio y la discusión incluso “teológica” está a la orden del día, cualquier hombre te platea preguntas de fe, te plantea contradicciones, te hace preguntas. Una de las cosas que tenemos son clases de Biblia una vez a la semana, en el centro de la ciudad y luego en otros sitios tenemos también encuentros sobre el evangelio aplicado a sus vidas.

Etiopía está cambiando muchísimo, hay esperanza pero el camino todavía es muy largo. No hay un trabajo. Las infraestructuras de comunicación son todavía pésimas. En mi zona nos encontramos todavía con una dificultad muy grande para las comunicaciones, no hay prácticamente teléfono. Estamos a 300 kms. de la capital, pero se tarda casi 8 horas en llegar.

Luego está la situación de una República Federal que quizás esté creando una vuelta otra vez a la cuestión tribal, de regiones. Esto crea una esperanza de un país que puede llegar a una democracia y cada tribu sea respetada en su identidad, su lengua. Por otra parte esto también puede traer un problema, y es la exacerbación de valores tribales, de idiomas que pueda llegar a crear dificultades políticamente.

Otro desafío que tiene Etiopía, es el azote cíclico de las sequías, que llegan a producir hambrunas. Es una sombra que se cierne sobre muchas partes de Etiopía. El 80% o más del país esta basado en la agricultura, esto influye muy gravemente en las catástrofes. Las ciudades aumentan a un ritmo imparable, la aglomeración de todo allí, está llevando a que las ciudades sean muy difíciles de gestionar.

Y cómo no, también está el gran problema de las enfermedades que van asociadas muchas veces a lo que hemos dicho, educación, comidas, progreso. Enfermedades tales como la malaria , el Sida, que no hay una Seguridad Social. Un tipo de medicina en el que el pobre tiene que pagar muchísimo.

La Iglesia tiene todavía jerarquía extranjera y está bien integrada con la local. Demuestra gran interés por el pueblo y goza del respeto por parte de la gente que aprecia el esfuerzo por acompañar al país en la búsqueda de una calidad de vida mejor, dando siempre lo característico nuestro que sería el evangelio y una forma de afrontar la vida. Faltaría quizás un poco de profetismo en nuestro país, que en realidad es también lógico. Es un camino distinto el de la Iglesia Etíope al resto de otras Iglesias. Ya lleva 2000 años prácticamente, llegó hacia el 304. Y han tenido un recorrido paralelo a todas las demás iglesias debido a su aislamiento del mundo y ha demostrado que ha sido capaz de mantener una identidad propia.

 

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