Un mundo más humano
El otro poder...
Pilar Orenes *
Publicado el 01 de abril
2009
Con frecuencia hablamos del papel que tiene la ciudadanía para producir cambios y cómo este poder hace que pueda influir en los gobiernos para que tomen decisiones que afecten a la mejor de vida de las poblaciones más pobres.
Pecaríamos de ilusos si en este escenario de poder dejáramos de lado al sector privado, a las empresas, cómo actores del desarrollo o, desgraciadamente, del no desarrollo. La empresa petrolera es uno de los sectores que más riesgo tiene de actuar de espaldas a la población más vulnerable. Se implantan en zonas ricas en recursos naturales pero pocas veces tienen en cuenta a la población local, no buscan su consentimiento ni informan claramente de los daños que su implantación pueden producir. En su discurso todo son ventajas por lo que no se utilizan criterios claros a la hora de compensar e indemnizar.
El sector que más riqueza reparte entre los accionistas de todo el mundo no genera impactos positivos sobre las personas que viven en los países donde hay petróleo, el crecimiento económico que genera es desequilibrado y con facilidad contribuye a la inestabilidad política.
Son necesarias políticas públicas, transparentes y verificables de la relación que estas empresas mantienen con Pueblos Indígenas, políticas que partan del reconocimiento y cumplimiento de los derechos económicos, sociales y culturales de estos pueblos.
Sus memorias de Responsabilidad Social Corporativa generalmente hacen grandes declaraciones de respetar y garantizar toda una serie de normas y disposiciones internacionales, relacionadas con los derechos humanos universales. Sin embargo las poblaciones afectadas distan mucho de pensar que se cumplen y con frecuencia denuncian muchos casos en los que no se respetan los derechos de los pueblos indígenas en cuyos territorios trabaja.
Estamos hablando de derechos claves: el derecho al consentimiento libre, previo e informado; el derecho a la propiedad, administración y conservación de sus tierras; el derecho a conservar sus costumbres; el derecho a participar de los beneficios; el derecho a recibir compensaciones e indemnizaciones justas y el derecho a elegir su propio modelo de desarrollo.
El tema está sobre la mesa y ellas lo saben, nosotros lo sabemos. El poder te hace “responsable de” pero, sobre todo, te da la “oportunidad de”, en este caso de mejorar la vida de la gente. Es una gran oportunidad…
* Directora de la oficina
de Madrid de Intermón Oxfam