Venezuela

Nueva misión en el delta del Orinoco

P. Manuel García Candela
Misionero de la Consolata

Después de un periodo trabajando en España, el año pasado el P. Manuel García partía para Venezuela. Desde allí nos cuenta las características de la nueva misión donde se encuentra.

Publicado el 01 de abril de 2008

Me encuentro en la última misión que hemos abierto los Misioneros de la Consolata en Venezuela. Está situada en el Estado del Delta Amacuro, una región que se encuentra al noreste de Venezuela. La misión se llama Nabasanuka y pertenece al Vicariato de Tucupita. Es una misión en medio de los indios “Warao”. El término warao, significa, hombre de río, hombre que navega por el río. El hábitat de este grupo indígena es el río. No pueden cultivar la tierra porque siempre está todo inundado, viven sobre palafitos, se dedican a la pesca y con mucha suerte, en algunos lugares logran plantar arroz. Por su condición indígena pertenecen al grupo de los más pobres, olvidados y marginados de la sociedad venezolana. Es muy difícil llegar donde están ellos, así como es casi imposible que ellos dejen su hábitat para integrarse en el mundo criollo; viven con un cierto complejo de inferioridad con relación al resto de grupos étnicos venezolanos.

Entre los warao, se pueden apreciar como dos grupos: uno que es bilingüe (warao y castellano) pero un castellano muy elemental y pobre en vocablos y el otro que sólo habla warao. Esto supone un desafío para nosotros los misioneros porque para poder comunicarnos es imprescindible el conocimiento de la lengua, y en ello estamos.

En esta región desemboca el río Orinoco, formando un delta con muchísimos caños o ríos que hacen que todo se convierta en un mundo de islas. Para que os hagáis una idea más descriptiva, el río es como el tronco de un árbol, de orilla a orilla puede medir hasta 18 Km., hay momentos en que no parece un río sino un mar, y la desembocadura es como las raíces del mismo árbol, se abre hacia el océano, formando un laberinto de caños, cañitos e islas que se pueden contar por decenas.

Para visitar las comunidades indígenas hay que ir por los caños, y es un espectáculo. El paisaje me recuerda la película de “La Misión”, todo tal cual por el río, el ambiente, los indígenas… pero después de cuatro y cinco horas de canoa, se convierte en un paisaje monótono. Las únicas dos vías de acceso a la misión es por medio de la canoa o en caso de urgencia con el helicóptero. No existen caminos ni carreteras, a parte de la canoa, el medio de comunicación fluvial es la “curiara” que se emplea para tramos cercanos, es como una piragua hecha de una sola pieza con el tronco de un árbol, hay que tener mucho equilibrio porque el cuerpo se te va para un sitio o para otro, es como ir con bicicleta pero por el río. Como la misión está situada en el bajo delta y no lejos del océano, sufrimos el flujo de las mareas, de modo que todas las casas hechas de troncos están sobre palafitos, levantadas un metro o medio del suelo. Hay momentos del día o de la noche en que el agua la tienes a los pies y eso es normal salvo en la época de lluvias, en que aquello empeora.

La misión es bastante desafiante y bastante pobre en todos los aspectos. Es una misión que está totalmente aislada. Físicamente no hay espacio en tierra firme, no hay calles ni caminos porque los palafitos están a lo largo de las laderas de los caños, y detrás de los palafitos, a sus espaldas, se levanta la selva pantanosa intransitable y llena de misterio. La vida de los warao, es muy monótona, carecen de lugares de encuentro para charlar. Cuando hay alguna reunión, se celebra en la capilla de la misión, que no es muy grande pero lo suficientemente espaciosa para tratar asuntos varios de la comunidad indígena. No hay comunicación por cable, no hay Internet, no existen repetidores ni antenas por las condiciones del lugar. No hay cobertura para la telefonía móvil. Tenemos un teléfono satelital que es muy difícil de comunicarse porque no siempre entra la línea, a parte de que no todos los días tenemos luz eléctrica.

El río es lo que da vida al pueblo warao, allí encuentran su medio de sustento por lo que se refiere a la pesca, el río es el medio por el que se comunican las comunidades indígenas y el mismo río es el que les da de beber, allí se bañan, juegan los niños y lamentablemente allí contraen todas las enfermedades endémicas. El agua que pasa por allí, es un agua contaminada, por los vertidos que el Orinoco recibe, porque pasa por Colombia y Brasil y va a desembocar en Venezuela y en su largo trayecto recoge de todo. Por el río se ven pasar animales muertos, de todo tipo (perros, caballos…). De ahí las fuertes diarreas en los niños y la alta tasa de mortandad infantil. Los adultos están más inmunizados.

Nosotros recogemos el agua de lluvia, la hervimos y la tratamos y después la usamos sólo para beber, mientras que para el aseo personal y lavar la ropa, recogemos agua del río, porque no hay otra opción.

Hace poco pasaron por la misión un grupo de ingenieros y profesores del Instituto de Biomedicina de la Universidad Central de Venezuela y de la Simón Bolívar, presentando un proyecto: “El control de las enfermedades endémicas en la población warao”. Quieren hacer un proyecto para recoger el agua de lluvia para el consumo humano, haciendo un estudio de investigación e innovación. Todo consiste también en educar y formar a la población warao, a llevar medidas de higiene para evitar las múltiples enfermedades procedentes del agua contaminada. Éste será un proceso lento porque no entran tan fácilmente en el cambio de sus costumbres.

Para vivir aquí en la misión, hay que tener mucha paciencia y prescindir del reloj. El modo de contar y calcular el tiempo, es otro.
Desde este rincón del mundo, porque parece que la tierra termina aquí, os envío un fraternal saludo a todos.


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